33 MÁS VALE DIABLO CONOCIDO Tras la segunda juerga, el diablo quedó con ganas de chingana y al mes siguiente organizó una gran fiesta para celebrar el encuentro de un entierro de oro que había en Camarico de Doñihue. Dicen que, decidido a tirar la casa por la ventana, no escatimó en gastos y mandó a sacrificar 15 vaquillas, y encargó siete pipas de vino tinto y siete de blanco, cosa que ningún comensal se quejara de hambre ni de sed. Sus compadres de juerga convocarían a los invitados a la Casa de Cristal, en la calle Calvo, en Rancagua, recalcando la misma condición anterior: nadie podía asistir portando medallas, escapularios, rosarios ni crucifijos. El diablo invitaba con la condición de que nadie llevara medallas, cruces o escapularios. Ya era medianoche y la fiesta estaba en su apogeo, con el diablo bailando incansable, sacando chispas y humo a la pista de baile en cada pie de cueca que entonaban las cantoras traídas de Graneros. En lo mejor de la fiesta, llegó un anciano que intentó ponerse al día con las copas, empinando el codo como si no hubiera un mañana. Al poco rato, los asistentes vieron al viejo avivando la cueca al diablo bailarín con exagerado entusiasmo: “¡Esta sí que es cueca, mi alma! ¡Huifa, rendija, la mama, la hija!”.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy