191 2. El as de espadas Cercano a Los Andes se encuentra la localidad de Casuto, en la comuna de Rinconada, cuyoshabitantes sehandedicadopormuchosañosa laactividadagrícola, principalmente a la vitivinicultura y también a la minería, dada la cercanía de esta localidad con la Mina Colorada. Como ya hemos revisado, en nuestro país existen muchas historias que vinculan la actividad minera con la presencia del diablo, seguramente porque la faena se desarrolla a nivel subterráneo y en la oscuridad, cercano a los dominios del Maligno. También debido a las costumbres de los mineros, que alternaban el trabajo sacrificado de la mina con las tentaciones de la vida disipada, donde consumían rápidamente las ganancias obtenidas con el sudor de la frente en alcohol, juegos de azar y mujeres de la noche. De acuerdo con lo que relata Carlos Tapia Canelo, Octavio y Gumercindo cumplían esta descripción a cabalidad: eran dos mineros de Casuto que se deslomaban en las profundidades de la Mina Colorada. Durante la larga y extenuante jornada laboral competían para ver quién trabajaba más duro o quién conseguía extraer más riquezas de las profundidades de la tierra. Esa actitud cambiaba una vez que terminaba la jornada y acudían a alguna de las muchas tabernas del pueblo en las que siempre era de noche. En ellas, saciaban hambre y sed, con apetitosos causeos y generosas jarras de vino de la zona. Cuando las necesidades básicas ya estaban satisfechas, los compinches demostraban mano diestra en el atrapante vicio del juego, ya fuera en el cacho, la brisca o el monte. Las partidas se iban caldeando conforme avanzaba la hora y el consumo de alcohol y, en concordancia, también aumentaban los montos apostados: los participantes de la mesa podían jugar todo su dinero, sus animales, sus propiedades y hasta sus seres queridos. Un día de pago, Gumercido y Octavio recibieron su sueldo y, en vez de partir directo a la cantina, se retiraron al campamento. Y no porque hubiesen dejado de lado los vicios; por el contrario, entre manos tenían un plan para multiplicar su jornal, transformando las apuestas en una jugosa inversión. Así, premunidos de sus linternas y protegidos por la oscuridad de la noche, regresaron a la mina. Luego de cerciorarse de que no había ni un alma en los alrededores, descendieron por los túneles y galerías hasta lo más profundo del yacimiento. CON EL DIABLO EN EL CUERPO
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