EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

157 POBRE DIABLO Por la calle iba el borrachito, con la mirada hacia el suelo, gritando: “¡A ver si apareces, diablo desgraciado, que te las vas a ver conmigo!”, mientras caminaba zigzagueando y alborotando en el centro de Petorca. Como iba alcoholizado y mirando hacia abajo, no se dio cuenta de que iba directo hacia la comisaría. Un carabinero lo vio y se acercó a él, en sentido contrario y le puso las manos en el pecho para detenerlo: “¡A ver, a ver! ¿Y a ti qué te pasa con el diablo?”. El borrachito levantó la cabeza y miró a quien tenía al frente, diciéndole: “¡Y ahora diablo, más encima, me sales disfrazado de paco…!”. Después de estas picarescas historias que don Lalo escuchó en su juventud, narró una que le sucedió a él, también de la época en que se ganaba la vida en la minería. Un día, terminada la jornada, se entretuvo poniendo trampas para conejos en los cerros y cazando perdices hasta que se le hizo tarde y cayó la noche. Por supuesto que en esos tiempos no había luz eléctrica, así que se las arregló para regresar, iluminado por una lámpara de carburo que se usaba en la faena minera. Más que a la oscuridad, don Lalo le tenía miedo a los perros de las casas aledañas que, a veces, los soltaban para alejar a los intrusos del lugar. Para tal efecto, se había llenado los bolsillos con piedras, por si acaso tenía que defenderse de un sorpresivo ataque canino. Ya era cerca de la una de la madrugada cuando se dirigía a Chincolco, donde vivía, y había comenzado a salir la luna, alumbrando un poco más la oscura noche. De repente se encontró con el cuerpo de un hombre tirado en el suelo. Inmediatamente pensó que se trataba del Tío Neta, un conocido borrachito que dormía en cualquier lugar donde el sueño o la borrachera lo sorprendieran. Desechó esa idea rápidamente de su cabeza, al darse cuenta de que el cuerpo empezaba a crecer en la medida que él se acercaba, cortándole el paso. Don Lalo reconoce que el miedo lo inmovilizó y se puso a rezar el salmo 91 de la Biblia: El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora...

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