119 Iglesia Parroquial Católica de la Inmaculada Concepción de Peumo. Cegado de ira, el sacerdote también endilgaba buena parte de la culpa a los peuminos. Anteriormente, el diablo se dedicaba solo a jugar rayuela, sin molestar a nadie ni hacer mayores maldades; sin embargo, cuando los parroquianos empezaron a dibujarle cruces, fastidiaron al Cachudo, que se desquitó haciendo una trastada tras otra, incluso ensuciando la virtud de las mujeres más santas del pueblo. A esas alturas, ya era por todos sabido que al diablo no le gustaban las cruces. Con esa idea en mente, el sacerdote convocó a un grupo de fieles para que enterraran una pequeña cruz de madera, que él mismo se había encargado de bendecir, en plena cima del cerro Gulutrén, con el objetivo de desterrar de una vez para siempre al Maligno del sector. Así, una mañana, un grupo de devotos peuminos inició la subida con una cruz de madera al hombro, emulando DONDE EL DIABLO PERDIÓ EL PONCHO
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