103 A la mañana siguiente, el desconocido se levantó temprano y no aceptó desayuno, limitándose a una dieta de café y cigarrillos, y argumentando apuro, debido a que esa mañana tenía un compromiso muy importante en la municipalidad. “Tengo que reunirme con el alcalde, porque pronto se abrirá una mina en Pichi, que va a entregar muchas oportunidades de trabajo y crecimiento para la gente de Alhué”, explicó, dejándole su tarjeta de presentación antes de retirarse. A Jenny todo lo relacionado con esta visita le resultó muy extraño. Lo primero que hizo fue llamar a una persona conocida que trabaja en la municipalidad para confirmar si el desconocido había acudido a la reunión: “Imposible, el alcalde se encuentra fuera de Alhué y no tiene ningún compromiso hoy en su agenda”, le explicaron. En la actualidad, Jenny no recuerda el nombre que figuraba en la tarjeta del visitante, pero sí sus dos apellidos: Gárate Vial. Y recuerda que, después de consultar en la municipalidad, llamó al teléfono que aparecía en la tarjeta. Contestó una secretaria que, con evidente extrañeza, le comunicó con su jefe: “La persona por la que usted pregunta es primo mío, pero falleció hace muchos años”, agregando más condimentos a esta misteriosa historia. Tal como se mencionó anteriormente, el terremoto de 2010 derrumbó esta casona de adobe de 300 años de historia. Afortunadamente, Joel y Jenny no se encontraban cuando ocurrió la tragedia; sin embargo, cuando pudieron viajar a Alhué, se enteraron de un hecho insólito, que estuvo en boca de todo el pueblo. Antes de que las maquinarias comenzaran con el trabajo de remoción de los escombros de la casa, apareció un hombre desconocido, vestido totalmente de negro, que le solicitó al operario que le otorgara unos minutos para visitar el terreno: “Viví aquí hace mucho tiempo”, argumentó el desconocido. Parecía una razón atendible y se le permitió ingresar al lugar donde días antes había una casa. Lo sorprendente es que transcurrían los minutos y el hombre no salía; lo fueron a buscar para apurar el inicio de la faena y no encontraron a nadie. Los obreros se negaron a seguir trabajando y para toda la población de Alhué había una sola explicación: el diablo había ido por última vez a visitar su morada. La casa actual no conserva prácticamente ningún rasgo de cómo fue en el pasado. En el patio, eso sí, aún permanece como testimonio el llamado sillón del diablo, una especie de sitial de piedras donde se supone que el Maligno se sentaba a disfrutar plácidamente de la tarde. Eso sí, a veces se ven extrañas luces que bailan en alguna habitación, en la oscuridad de la noche. También, la mujer que trabaja en el aseo de la casa, aseguró ver cómo un viejo sillón se movía en tres ocasiones, luego de volver a reubicarlo. Eso, entre otras curiosidades que ya se han vuelto cotidianas y que a Jenny y a Joel parecen no importarles; ellos ya están curados de espanto. DONDE EL DIABLO PERDIÓ EL PONCHO
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