102 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE agregado de tratarse de una propiedad de carácter histórico. A poco tiempo de mudarse, en una tarde en que llovía torrencialmente —como hace tiempo ya no ocurre—, sintieron que golpeaban la puerta insistentemente. Joel fue a abrir y encontró a un hombre que pedía hablar con su señora, quien se levanta de la cama y va a atenderlo. “¡Señora Jenny, qué gusto de verla! ¿Se acuerda de mí? Me alojé aquí hace dos años”, explicó el joven. A Jenny esto le llamó inmediatamente la atención: apenas se había cumplido un año desde que vivían ahí, por lo tanto, era imposible que lo hubieran hospedado. Otra cosa que sorprendió al matrimonio era el aspecto y el vestuario del visitante: si bien era de incuestionable elegancia, su ropa parecía anticuada y pasada de moda. Ya era tarde y el hombre solicitó alojarse en la misma habitación en que supuestamente había pernoctado en su visita anterior: el cuarto más pequeño, con una ventana diminuta, que es donde se supone que dormían encerradas las hijas de Santiago Barreta y Juana Putiel, para evitar ser acosadas por el diablo. “A la mañana el desconocido se levantó temprano y no aceptó desayuno, limitándose a una dieta de café y cigarrillos, argumentando apuro, debido a que esa mañana tenía un compromiso muy importante en la Municipalidad.”
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