::98:: CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA Había un ruido muy fuerte que venía desde muy cerca, sintió Onoru… Era su estómago, sus nervios, su miedo. Llegó el dí,a y para empeorar más la cosas, Onoru era el único niño de la tribu que cumplía sus ocho años de edad. Luego de su baño, su madre se acercó con pintura roja, con la que cubrió todo su cuerpo; luego líneas blancas lo rodearon, y en ese momento, escuchó la voz dulce de su madre diciendole que fuera muy valiente y que ella lo esperaría y estaría rogando a los demás espíritus para que el espíritu juzgador tuviese compasión con él y así no lo matara. La aldea comenzó a cantar cada vez más fuerte como rezos implorando buena fortuna para Onoru, pero le llamaba la atención la serenidad de los hombres, incluyendo a su padre, los que esperaban pacientemente a que estuviera listo para llevarlo al lugar de la ceremonia. Ya listo, Onoru se acerca a su madre y hermanos; tan solo los abrazó sin decir ni una sola palabra, ya que su estómago no lo dejaba hablar por el ruido interior. Se dirigió hasta donde estaban los hombres y comenzaron la ruta caminando kilómetros de distancia desde su aldea. Por el camino, su padre le dijo: “Debes ser valiente y no demostrar jamás miedo ni bajar la mirada, ya que dicha actitud le molesta demasiado al espíritu”. Asustado más aún, Onoru no quería seguir caminando, pero tampoco se atrevía a decirle a su padre lo que le estaba pasando; su corazón palpitaba muy rápido, pero el miedo a las burlas y a la desilusión de su padre lo hicieron callar, menos desobedecer, queriendo arrancar, escaparse, pero para donde fuera, el espíritu lo encontraría y lo mataría. Al llegar al lugar, había una fogata gigante con mucho humo que la rodeaba. Los hombres se pusieron en círculo y en una roca alta posaba un cuerpo gigante con su rostro cubierto y resto pintado de color rojo, igual que él, pero en vez de líneas tenía círculos blancos. En ese momento, los hombres comenzaron a gritar y decir: “¡Onoru, Onoru, no bajes la mirada!”. Este cuerpo gigante comenzó a acercarse, y quedando más o menos a un metro de él, se quedó quieto, como si lo estuviera mirando fijo; cuando de repente, se impulsó y lo empujó. Onoru cayó lejos y se paró rápidamente; fue así como luego lo botó y comenzó la lucha. Onoru claramente medía mucho menos que ese cuerpo gigante, tratando de defenderse con golpes de puños y patadas, escuchó la voz de su padre diciendo: “¡Basta la lucha!”. Onoru, agitado, lo miró y el padre le dijo: “Quítale la máscara”. El cuerpo se agachó y Onoru le sacó la máscara, dándose cuenta de que era un hombre de la aldea preguntando: “¿Por qué?, ¿de qué trata esto?”. El padre se acercó riendo junto a los demás hombres y le dijo: “Ya eres todo un hombre, debes actuar como tal, no debes hablar de esto con tu madre ni con nadie de la aldea, si no serás hombre muerto”.
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