Historias de Los Pueblos Originarios

::118:: CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA que era el jefe de la tribu. Él joven se despidió de la mujer y este se fue con el jefe hacia otra choza al interior de la cual se veía desde lejos una hermosa fogata. Se hizo de noche y las estrellas se veían hermosas en el cielo. Seguí al jefe y al joven, entramos a la choza y el calor era acogedor. El jefe empezó a hablar, misteriosamente les entendí: — Khami, ¿estás listo para tu iniciación para convertirte en hombre? — Sí, jefe. Estoy listo. Recién ahí noté que estaba presenciando la ceremonia del Hain, la ceremonia donde los jóvenes se vuelven hombres después de pasar la gran prueba. El jefe empezó a cantar frases extrañas que yo no entendía; era como si estuviera haciendo un rito para invocar o lograr un objetivo extraño. El jefe terminó el rito y empezó a hablar normalmente otra vez e indicó lo siguiente: — Está listo, Khami; ahora me tendré que ir, desde ahora estás solo. — Está bien —dijo el joven un poco asustado. Yo quería ayudarlo, entonces le hablé: — Tranquilo, todo estará bien, no te pasará nada —le dije susurrando. Él me miró o eso es lo que yo pensé. A través de sus ojos negros, como los míos, pude sentir el miedo que se hallaba en su interior; se me puso la piel de gallina. El miedo era por algo que estaba detrás de mí. Me giré y pude ver algo que me aterró, eran los espíritus selk’nam: estaba Kotaik, Tanu, Ulen, Koshmenk y Short, que detrás de los árboles nos acechaban. Se empezaron a acercar y yo no me podía mover, el miedo me tenía paralizada. Miré para atrás y Khami estaba aterrado; volví a girar y me encontré con la cara de Kotaik al frente mío, eso me dejó pálida y sin aliento. Los espíritus entraron en la choza; se escuchó a Khami hablar con mucho miedo: — El fuego da el poder a los espíritus, los espíritus protegen al selk’nam —dijo aterrado. Eso lo repitió muchas veces, pero los espíritus no se alejaban. Yo quería ayudar a Khami, pero mi cuerpo no se movió del sitio donde estaba, solo me quedaba ver de lejos lo que le ocurría. De la nada, el fuego creció y todo a su alrededor se esfumó como si nunca hubiera existido. El fuego trató de llegar hasta donde yo estaba, pero yo solo podía cerrar mis ojos y esperar que el fuego no me llevara. Cuando sentí que todo estaba en calma abrí los ojos y me encontré otra vez en mi cama; estaba sudando, todo había sido un sueño. Me bajé de la cama, fui por un vaso de agua y abrí la puerta de la casa. Seguía todo oscuro y lo que antes me

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