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59 Reflexiones finales Don Germán nace y se desarrolla en un periodo crítico dentro de la historia aymara en el altiplano chileno. Su biografía personifica el gran cambio estructural y multidimensional que viven las comunidades aymara en su proceso de integración al proyecto nacional. Ello se ve claramente encarnado en las distintas generaciones que conforman su familia: su madre y padre nacen en el altiplano hablando aymara y practican las tradiciones, oficios y cultos a las divinidades andinas; él vive un punto de inflexión cuando hace el servicio militar, donde le prohíben hablar aymara, le enseñan a escribir y le instruyen militarmente en medio de un periodo fuertemente chilenizante. En cuanto a la ganadería, factor central de la cultura y de la supervivencia de las comunidades aymara, a partir de la creación de la Junta de Adelanto y del Plan Andino, comienzan a desplazarse las antiguas prácticas de sanación y manejo del ganado para adoptar la medicina veterinaria en la curación de enfermedades y otras tecnologías que trae consigo la sociedad industrial, productiva y modernizante. A la fecha, “las políticas públicas de extensionismo o asistencialismo rural han generado un desplazamiento y devaluación del conocimiento ancestral, el que está siendo sustituido por conocimientos técnicos provenientes de otros sistemas culturales” (Manzano y Molina, 2022, Introducción). Esto puede verse en la pérdida de variadas tradiciones que ya no se practican, según el relato de todas las personas con las que se habló, como la lik’i ch’aqata, la quema de guano en el corral, la monta dirigida, la ceremonia del llamado de lluvia o la k’illpa que, al igual que la wilancha, se realiza cada vez en menor medida, sobre todo entre las familias evangélicas. Es fundamental considerar, en este punto, que las técnicas y prácticas asociadas al ganado no se restringen simplemente a cuestiones curativas o preventivas, sino que abordan todo un mundo extenso y cargado de simbolismo, que articula lo sagrado y lo cotidiano sin establecer binarismos propios de la cultura eurocentrada. Más bien, tanto la ganadería como las prácticas y oficios del día a día aymara expresan su idiosincrasia, esto es: la identidad, cosmovisión e historia de esta cultura. Por eso, no es pertinente establecer una separación entre las técnicas ancestrales de ganadería, ritualidad y prácticas cotidianas porque, en realidad, todo está relacionado: ganadería y cotidianidad componen permanentemente una dimensión sagrada en tanto forman parte del Aka Pacha, espacio donde se contraponen, encuentran y complementan, las fuerzas del Manqha Pacha y el Alax Pacha. Esto puede verse ejemplificado en el ritual de la k’illpa, sumamente práctico y concreto: el marcaje de animales para diferenciar las tropas de las familias y, dentro de las familias, para localizar los animales que son del hijo mayor, del menor, del matrimonio, etc… Al mismo tiempo, hay una phawa en esta ceremonia, porque se pide abundancia, se agradece a la Pacha Mama, y se honra al animal, ya que es su fiesta. El titi, por su parte, representa la fuerza sagrada de la tierra, mientras que en otras ocasiones aparece en los relatos un ave sagrada que representa la fuerza del manantial. La música, por su parte, abre el diálogo entre lo sagrado y lo concreto. Esta, además, está compuesta en aymara, por lo que tiene un fuerte carácter étnico, reafirmando la ancestralidad e identidad propias de esta cultura. Comprendiendo que cada ceremonia de floreo y

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