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20 Dice Don Germán que, de niño, había poca gramilla en la pampa, a los pies de un cerro bastante alejado. Afirma que hay tres: layu, garbancillo y otro, del cual no recuerda el nombre en aymara. “Son tres clases de pastos ahí que son muy malos para los camélidos, para las ovejas, para las llamas, para las alpacas… las vicuñas, mire, fíjese que las vicuñas no le comen. Ni el guanaco, tampoco. Y le conocen. Es increíble, ¿O no?”. Es, en definitiva, un problema que afecta a los animales domésticos. Dice que, aunque los animales engordan, luego los deja “como drogados”, y provoca la muerte en ellos. La carne se pone amarga. “Ni los perros comen”, termina diciendo. Toma piedras y las deja sobre las gramillas para que no se sigan reproduciendo. Antiguamente, don Germán tenía más de doscientos animales entre llamas y alpacas. Actualmente, dice, por falta de pasto comestible y por los pastos tóxicos, entre otras razones, tomó la decisión de vender sus animales. Imagen de gramilla, Ancara. Registro personal. Monta dirigida Su papá y su hermano tenían a los machos en un corral, separados del resto, y hacían monta dirigida. Detectaban si las hembras estaban preñadas tocándoles las orejas o palpándoles el estómago. Si la oreja estaba tibia, esto quería decir que ya estaba preñada. Don Germán relata que los machos duran de 20 a 30 minutos en el apareamiento. Para diferenciar a las hembras, les ponen una lanita roja a las que ya estuvieron 2 o 3 veces con un macho. Al finalizar la monta, su madre traía comida (cazuela) y repartía entre las y los asistentes. Ponía una fuente de loza blanca, dice Don Germán, y todo el mundo comía de un solo plato. Después ponía “el segundo”: maíz blanco bien cocido -o alpaco- con el queso de la oveja. A fines de los noventa, don Germán construyó un corral con la ayuda de sus hijas para hacer monta dirigida con alpacas.

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