DÉCIMAS PARA UNA NACIÓN. ANTOLOGÍA 1987-2016. EL CANELA

2010: Violeta de los Caminos 343 La Recopiladora Corría el cincuenta y tres; fue un año de la fortuna, y en Barrancas, la comuna, comenzó con lucidez. Con talento y sin estrés quería conservar todito velorio del angelito, con los peces y los panes, los dichos y los refranes dentro de un gran cofrecito. Ella olfateaba el folclor que quería preservar, pa' difundir y enseñar, a expensas de Nicanor. Entendía que la flor no se puede marchitar, que para recopilar estaba justo en su hora persiguiendo a las cantoras las solía interrogar. Toda su escenografía la libraba del infierno, con un lápiz y un cuaderno y buena caligrafía. Grababa cuanto podía. según su necesidad, si no hay electricidad, de su boca ni un reclamo, porque ella le echaba mano al ingenio y la bondad. En las cosas del folclore, con patrones e inquilinos, el humilde campesino también tiene su pudor. Para que suelte esa flor y hable con sabiduría, hay que tener maestría y también delicadeza para captar la simpleza su misión de cada día. Recopilaba con ñeque, le gustaba trabajar, con sus manos amasar y salía lindo el queque. O tal vez hacer un trueque cambiando el canto por vino a lo humano, a lo divino, parabienes al revés, tonadas que escucha usted cuando va por los caminos. Doña Rosa marcó un hito con los dichos vivarachos para quebrar un empacho o santiguar al niñito. La fe profunda y el rito que se enseñan de verdad y que dan la identidad a la tradición oral, en un acto muy formal construyen la santidad. Pasan las generaciones transmitiendo sus rituales en misas y en funerales, en muy variadas regiones. En ciudades, en naciones, continentes y países, los pueblos viven felices cultivando muchos ritos, no están en ningún librito y alimentan las raíces.

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