2010: Violeta de los Caminos 337 La palabra era un valor sagrado, firme y profundo desde el principio del mundo entre los hombres de honor. De la vida era el color de seres puros y buenos, era el sentimiento pleno de la honorabilidad, de la gente de verdad así somos los chilenos. El chileno es ingenioso y canta como chicharra, así era el clan de los Parra con su ritmo melodioso. Sus años no eran graciosos, cargados a la pobreza, su canto fue fortaleza, durante toda la vida, por procurar su comida con hidalguía y simpleza. Era la infancia chilena lo mismo que un volantín que traquetea sin fin perfumada de azucena. Igual que zampoña o quena, del norte soplan los vientos, porque a los niños hambrientos les cuesta mucho vivir y aprender a resistir entre polvo y pavimento. No llegaba la vitrola ni el pickup, ni el Wurlitzer y olfateando los matices como gorriones sin cola. Cantaban la Hilda, la Viola luego estiraban la manga entre bebida y pichanga, "Es la voz del ciudadano", gozaban los parroquianos cuando andaban de parranda. Estoy hablando lo cierto. de aquellas dulces mañanas, con el cantar de la diana, Hilda, Violeta y Roberto. Ya entonaban como expertos rancheras, valses, tonadas melodiosas y afinadas, entraban a la vereda, se ganaban su moneda en cantinas y ramadas. Las canciones sin tardanza entonaban Hilda y Lalo con clavijero de palo pa' acompañar una danza. En la Biblia hay alabanzas, en mi país hay tonadas que el hombre lleva clavadas pa' decorar un ritual, en la fiesta o funeral y en ceremonias sagradas. Habitaban calle El Roble y crecían sonriendo, y se pasaban corriendo en trote rápido y noble. Ya tenían un renombre por parte de Nicanor del pueblo era el profesor tocaba bien la guitarra era el profe Nica Parra flamante como una flor. Los conscriptos iletrados tuvieron su profesor que enseñaban con amor los vocablos redoblados. Leerán en todos lados, ya no serán ignorantes, vocales y consonantes ustedes podrán leer, escribirle a una mujer como amigo o como amante.
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