DÉCIMAS PARA UNA NACIÓN. ANTOLOGÍA 1987-2016. EL CANELA

336 Decimas para una nación Estaba escrita su suerte por el dolor y el ocaso, un deleznable balazo la deja herida de muerte. Al quedar su cuerpo inerte esa mañana fatal nuestra poeta genial asombra de nuevo al mundo fue en ese mismo segundo en que ella se hizo inmortal. Chile entero es quien se asombra y tiene tremenda pena, desde Arica a Punta Arenas el pueblo entero la nombra. Bajo del sol y la sombra los centenares de miles, de cristianos y gentiles, de gente buena y sencilla levantan una capilla con gente de todo Chile. La multitud de colores tiñe la gran comitiva, su ausencia definitiva entonarán los cantores. Hay cantos y muchas flores, discursos de cementerio, el pueblo se pone serio porque murió su Violeta, llevándose las secretas razones de su misterio. Infancia rural Entre cerezo y limón, por adentro y por afuera, entre naranjas y peras, nacía este Violetón. Allí aprendió un montón y con toda su indulgencia, buena amiga de la hortensia, del "correvuela" y el yuyo, los olores que son suyos gratifican su carencia. Desde ese primer momento, San Carlos la cobijó y al instante le entregó el acta de nacimiento. Su padre 'taba contento y lo agradeció en la misa, y la señora Clarisa nunca le dará la fleta; "Ya ha nacido mi Violeta" 'taba muerta de la risa. En estos pueblos pequeños había amor y amistad, mucha solidaridad, había honradez y empeño. La confianza del sureño y su completa armonía, se respira día a día un sentimiento amistoso, el que llenaba de gozo y de alegre simpatía.

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