::85:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS SOL Y LOS ESPÍRITUS DEL BOSQUE Antonia Maldonado Ojeda Primer lugar regional Valdivia 13 años Sol vivía con sus abuelos en un campo al sur de Chile, entre montes de boldos, esteros cantores y cercos de espino. Tenía ocho años, el pelo rebelde como el viento cordillerano y una curiosidad tan grande como el cielo estrellado que la abuela le enseñaba a mirar en las noches de verano. Una tarde de primavera, mientras su abuelo desmalezaba la huerta, Sol decidió ir al bosque a juntar moras. Caminó entre los árboles, siguiendo los cantos de los zorzales y los aromas dulces del campo. Pero sin darse cuenta, se internó más de la cuenta. Los senderos dejaron de parecer conocidos y el sol comenzó a esconderse: ¿Y ahora?, murmuró, con un nudo en la garganta. El viento silbó entre los árboles. Entonces, desde un claro cubierto de helechos, apareció una figura: una mujer alta, vestida con un manto hecho de hojas secas. Su cabello parecía pasto dorado y sus ojos brillaban como agua de vertiente. —No temas, pequeña. Soy Ngen-lawén, espíritu bosque —dijo con voz suave—. ¿Has olvidado el camino? Sol asintió. Ngen-lawén extendió su mano y le mostró una rama en forma de estrella. —Este es tu primer guía. Cuando tengas miedo, cierra los ojos y piensa en tu casa. Los sueños también son mapas. Yo habito en los pensamientos de quienes se pierden y, si escuchas con el corazón, sabrás por dónde volver. Luego se desvaneció entre las ramas, dejando a Sol con la estrella en la mano y una sensación cálida en el pecho. Siguió caminando, ahora con más calma, pero el cielo se cubrió de nubes y una lluvia fina comenzó a caer. Entre las gotas apareció un segundo ser: una anciana pequeña, de piel arrugada como corteza de coihue, envuelta en vapor tibio. Olía a tierra mojada y leña recién cortada. —Soy Ngen-mapu, la tierra viva bajo tus pies —dijo con una sonrisa que parecía antigua como los cerros—. No hay extravío si sabes escuchar. Fíjate en la dirección del musgo, en la inclinación de las ramas, en dónde pisan los animales. La tierra siempre susurra por dónde caminar. Se agachó y con su bastón dibujó un sendero sobre el barro. —Camina donde el suelo esté firme y el agua te respete. Yo soy madre de todo lo que nace. Confía en mí. REGIÓN DE LOS RÍOS
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy