ANTOLOGIA 2025

::55:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Cuando cumplí los 12 años le empecé a trabajar al carnicero, don Manuel. Solíamos andar a caballo por las casas repartiendo y ofreciendo variedades de carne. En la noche de un seis de junio, mientras esperábamos la llegada de mi taita, unos vecinos empezaron a gritar por fuera de las casas, anunciando la desaparición de uno de los trabajadores del patrón, al tiro supimos que hablaban de él. El hombre que por tanto tiempo me cuidó y crió, mi taita, había desaparecido. Lo buscamos desesperadamente, pero nadie lo encontró. Días después, por la necesidad, fui a la casona, y le supliqué al patrón que me diera un trabajo, ya que, con la situación de mi padre, no había quien nos mantuviera. El patrón se negó, al saber que era el hijo del desaparecido, pero después de tanta insistencia, accedió. —Te dejaré trabajar aquí —dijo, frunciendo el ceño—. Pero te advierto, si te atreves a hablar de nuevo sobre el atrevido de tu padre, te buscaré, y tendrás el mismo destino. Yo acepté, no niego que sentía un miedo inmenso, pero de alguna manera teníamos que sobrevivir. Estuve trabajando por unas semanas ahí, me encargaba de sembrar la tierra del patrón, plantábamos cáñamo, tabaco, trigo y porotos. Hasta ese momento todo era normal, hasta que empezaron a advertirme sobre lo peligroso que era trabajar en ese lugar. Los trabajadores solían decirme: “Hijo mío, tú eres muy joven para arruinar tu vida pidiendo trabajo aquí, tienes toda una vida por delante, como para ser uno más del montón”. Yo solamente los escuchaba mientras continuaba mi trabajo, no podía dejar esto de lado, sabiendo lo que costaría conseguir algo parecido. Una tarde, mientras vigilaba una de las parcelas, se me ocurrió preguntarle a una de las señoritas que trabajaba en limpieza, sobre el desaparecido. Ella negó conocerlo, pero de igual manera me advirtió que el patrón ocultaba algo, que la casona silenciaba. Intenté disimular la preocupación que me causó su respuesta, sabía que algo escondía esta inmensa casona, pero ¿qué era? Esa misma noche decidí quedarme hasta más tarde, con la excusa de vigilar la parcela, divagando por los pasillos escuché unos ruidos indescriptibles que venían del subterráneo. Al abrir la puerta, descubrí al patrón golpeando brutalmente a los trabajadores. La escena era aterradora, los gritos y el olor a encierro me helaron la sangre. Antes de que pudiera reaccionar, él se dio cuenta de mi presencia. Hui, tropezándome por los oscuros pasillos de la casona. Nunca más volví a ese lugar, pero desde entonces, el eco de sus súplicas y las imágenes de esa noche, no me dejan dormir. Algo me sigue entre sombras. La sensación permanece. Escapar no fue suficiente. REGIÓN DE VALPARAÍSO

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