::56:: ANTOLOGÍA 2025 EL GRAN TERREMOTO DE CHILE Tania Zurita Pacheco Tercer lugar regional Villa Alemana 14 años La historia comienza así: cuando tenía cinco años, viví en una casita cercana al faro Tres Cruces, en Chiloé. En ese tiempo vivía con mi mamá, papá y mis hermanas menores, que aún dormían en cunas. Nuestra casa estaba en un campo a lo alto de un cerro, lejos del pueblo, tan lejos que cada vez que necesitábamos algo, teníamos que ir a caballo. Por lo mismo, allí había animales de granja como chanchos, vacas, caballos y algunas gallinas. El faro no estaba exactamente al lado de nuestra casa, pero desde ahí podíamos verlo, y atrás de él había una reja que marcaba el fin del terreno, donde no quedaba más que un barranco. Recuerdo que ese día inició diferente: al despertar, notamos que no había ningún animal, ni siquiera se asomaron cuando mi papá fue a darles de comer como siempre hacía. Él dijo que algo iba a pasar, que era muy raro que no estuvieran y que los animales podían sentir cosas que nosotros no, pero no le dimos más importancia y seguimos con nuestro día normal. Justo esa semana llegó de visita mi abuela, mi tío Hernán y mi tío Beto, quien tenía mí misma edad. Con él aprovechábamos de jugar, corrimos de arriba abajo el cerro, y llegamos hasta la reja que separaba al faro del barranco para que ni yo ni otros niños se fueran a caer. Buscamos al caballo que siempre se asomaba por la ventana de la cocina para que le diéramos una zanahoria, pero no estaba, no lo vimos, ni a las gallinas, ni al chancho, ni a la vaca. A mí me gustaban mucho los animales y estaba preocupada porque no los encontraba. Mientras almorzábamos, se sintió un ruido y un fuerte movimiento. —¡Es un terremoto! —dijo mi papá, que siempre tuvo un don para presentir esas cosas por sus experiencias. De repente, la casa empezó a sacudirse de un lado a otro, como un barco en marejadas, yo estaba muy asustada y creí que se nos caerían las paredes encima. Mi papá y mi tío Hernán nos dijeron que saliéramos de la casa y corrieron a buscar las cunas de mis hermanas, afirmándose de las paredes del pasillo, con el temor de que la casa se desplomara encima de ellos. Cuando mi papá y mi tío Hernán estaban terminando de sacar las cunas afirmándose de las paredes y avanzando al ritmo que se movía el suelo, una chimenea que teníamos por fuera de la casa se cayó con un estruendo terrible, pero a ninguno de los dos les pasó algo, por suerte. Creí que eso había sido lo peor. Entre todo el caos, mi papá y mi tío pusieron las cunas debajo de un árbol, y ahí pasamos el resto del día. Mi tío Beto y yo estábamos muy asustados, no sabíamos qué hacer, la tierra se movió por mucho rato. Pero luego, desde donde estábamos, todos vimos cómo una gran ola derribaba la reja detrás del faro y se llevaba un pedazo del cerro, fue aterrador. REGIÓN DE VALPARAÍSO
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