ANTOLOGIA 2025

::54:: ANTOLOGÍA 2025 LA CASONA DE SAN REGIS Catalina Godoy Sepúlveda Segundo lugar regional San Esteban 14 años La casona brilla bajo el sol con su fuerte color rojo carmín, pero para nosotros siempre fue gris. La conocí cuando era un cabro18 chico, recuerdo cuando mi papá me llevaba de la mano a pedirle trabajo al patrón, mientras que me contaba la historia del lugar. —Hace mucho tiempo todo el sector en el que vivimos, el San Esteban que conocemos ahora, era del dueño de la casona de San Regis, don Andrés Toro de Mazote, quien la construyó en honor a su hija, se notaba lo mucho que la amaba —dijo mi padre en esa ocasión, mientras le brillaban los ojos. —Después, esta propiedad pasó por varias familias de la zona hasta llegar a la del patrón. Dicen que el patrón tiene tan buen corazón, que a familias completas les ha dado una casa y trabajo, por lo que tengo las esperanzas de que se compadezca y nos dejen quedarnos acá —agregó expresando una mezcla de nervios y emoción. Sin darnos cuenta ya estábamos en la fila para hablar con el famoso patrón. Cuando ya era nuestro turno, se llevaron a mi taita y a mí me dejaron afuera. Estuve 15 minutos sentado en la tierra con un par de piedras en las manos, aplasté una caja de cigarros que me encontré por ahí y empecé a jugar con eso, pues de alguna manera había que entretenerse. Pasó media hora, y no había nada que me indicara que mi taita siguiera ahí. Unos minutos después, cuando ya las esperanzas estaban casi perdidas, lo vi salir por esa inmensa puerta. Se notaba poco convencido, pero, aun así, me regaló una sonrisa y un: “Pedrito, hijo mío, ¿esperaste mucho?”, lo que me devolvió las esperanzas que hace minutos había perdido. Esa misma noche, por fin obtuvimos una casa. Mi taita empezó a trabajar las tierras del patrón, ganaba cinco pesos a la semana, en esos tiempos un solo pan salía cinco centavos. El sábado cuando cobraba, pasaba a la casona de don Aníbal, en donde vendían vino, cerveza y chicha. Al llegar la noche, mi taita volvía borracho y sin ningún peso. Por eso mismo, mi mamá se las tuvo que ingeniar para cuidarnos a mí y a mis hermanos. Yo en esos tiempos tenía seis años y, por la necesidad, empecé a trabajar “pajareando”. Mi trabajo consistía en espantar a los pájaros golpeando un tarro. El tiempo pasaba rápido. REGIÓN DE VALPARAÍSO 18 Cabro: niño o joven (nota de la edición).

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