::53:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS EL VUELO DORADO DEL ALICANTO José Tabilo Tercer lugar regional Monte Patria 13 años En el corazón del desierto de Atacama, donde el sol quema de día y el frío muerde por la noche, vivía Tomás, un joven minero con las manos gastadas y los bolsillos vacíos. Desde niño había escuchado historias sobre una criatura que pocos habían visto: el Alicanto, un ave mágica de ojos brillantes y alas doradas que se alimentaba de metales preciosos y podía guiar a un hombre hasta el oro... o a su perdición. Una noche sin viento, mientras Tomás descansaba en su carpa, una luz extraña cruzó el cielo. No era estrella ni relámpago. Era un resplandor que se deslizaba cerca de las rocas, silencioso, como si alguien hubiera prendido fuego a una sombra. Intrigado, tomó su linterna y siguió el rastro. A lo lejos, la silueta de un ave enorme brillaba como si estuviera hecha de cobre y fuego. Tenía plumas relucientes y garras afiladas, y sus ojos, como carbones encendidos, se clavaron en los suyos. El Alicanto no huyó. Caminó lentamente por la quebrada y Tomás lo siguió, sin atreverse a respirar muy fuerte. Sabía que, si el ave lo aceptaba, lo llevaría a un tesoro escondido. Pero si no, lo perdería en el desierto para siempre. Después de horas caminando, llegaron a una grieta entre las rocas. El Alicanto se detuvo, miró a Tomás una última vez, y alzó el vuelo con un chillido agudo. El lugar se iluminó: las paredes de la grieta estaban cubiertas de vetas doradas. Oro puro. Tomás cayó de rodillas. No podía creerlo. Había encontrado lo que muchos soñaban y morían buscando. Pero entonces, recordó algo que su abuelo siempre le decía: “el Alicanto no da nada gratis. Si tomas más de lo que necesitas, te lo quita todo”. Tomás llenó su mochila con solo una parte del oro. Lo Justo. Lo suficiente para vivir tranquilo, pero sin codicia. Cuando volvió al pueblo, se hizo famoso no por ser rico, sino por ser el único que regresó con vida y con oro. Nunca reveló el lugar exacto, y nunca volvió al desierto. Desde entonces, cuando alguien desaparece entre las dunas buscando fortuna, los viejos del pueblo dicen: “quizás lo guió el Alicanto… o quizás lo engañó”. REGIÓN DE COQUIMBO
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