ANTOLOGIA 2025

::50:: ANTOLOGÍA 2025 Desde entonces, el establo se convirtió en una especie de santuario oscuro. Atraía a los animales perdidos. Algunos regresaban días después con los ojos vacíos, como si hubieran olvidado el mundo. Otros nunca volvían. Y a veces, en noches sin luna, los aldeanos juraban ver figuras borrosas: caballos con crines de humo, gallinas que flotaban en el aire y una mujer sin rostro acariciando una cabra. En los noventa, un grupo de adolescentes intentó pasar la noche allí como prueba de valentía. Uno de ellos, Tomás Pereda, hoy un hombre callado y con mirada gris, fue el único que logró salir. Nunca quiso contar lo que vio. Solo repite una frase cuando bebe más de la cuenta: “Los animales no están muertos. Solo esperan su turno”. Hoy, el establo sigue allí, inclinado hacia un lado como si escuchara con atención. Los más viejos dicen que sigue activo, que Matilde aún vela por su rebaño invisible. A veces, los niños desaparecen por unas horas, y regresan con rastros de heno en la ropa y olor a establo en la piel, aunque juren haber estado en casa todo el tiempo. Por eso, en San Gregorio, todos aprenden desde pequeños una regla sagrada: nunca sigas los sonidos de animales por la noche. No importa si escuchas un relincho, un ladrido o el maullido de tu gato perdido. Si suena cerca del establo de los susurros, no es tu mascota. Y si decides entrar… no te sorprendas si la oscuridad te responde por tu nombre. REGIÓN DE COQUIMBO

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