ANTOLOGIA 2025

::45:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS EL CABALLO DEL TIEMPO Maximiliano Gallegos Álvarez Segundo lugar regional Copiapó 12 años Hace mucho tiempo, en un campo en donde el trigo abundaba para los futres14 y en el invierno se acrecentaba el hambre para los pobres, vivía una pequeña familia que cada día trabajaba duro para comer al menos un pedazo de pan. Aquella familia estaba compuesta por tres miembros. Ángela, la señora de la familia, hacía miles de malabares en la vieja casita en donde vivían para poder comer algo, que al menos les llenara un poco la panza, preocupándose, además, del resto de los quehaceres del hogar y que incluso, cuando faltaban manos, se metía en el campo a trabajar de igual a igual con los hombres. Roberto, el padre trabajador y estricto, se aseguraba de que cada uno comiera la misma porción que el otro y, por último, el único hijo, Arturo. Arturo era un niño noble que trabajaba al igual que sus padres. Cada día se despertaba a las cuatro de la madrugada para ir al campo a sembrar o cosechar, dependiendo de la estación, a darle un vistazo a los nidos de las gallinas para ver si alguna había puesto algún huevo, a darles de beber abundante agua y repartir paja y heno a los caballos del patrón, a sacar agua del pozo, a cortar leña para la destartalada cocina y mucho más. Apenas tenía tiempo para ir a la vieja escuelita que quedaba a unos buenos kilómetros de su hogar. Arturo tenía un caballo favorito, un potrillo que un señor le había regalado a su padre diciéndole que era proveniente de España. Era un caballo blanco, más blanco que la cima más alta de la cordillera. Ese joven corcel tenía un gran valor emocional para la familia puesto que, además de bonito y manso, era el único bien que ostentaban. Después de nueve duros inviernos, Arturo cumplió dieciocho años y se interesó, como quién quiere la cosa, en economía, dándose cuenta entonces que la situación de su familia era injustamente deplorable. Frustrado por la pobre situación económica que los aquejaba, se marchó un día cualquiera a la capital. Ni siquiera le avisó a su taita. Se fue nomás, sin permiso, pues sabía que no se lo darían. Se marchó, esperando algún día volver, con plata y con muchas cosas lindas. Se robó un caballo del futre para tan largo viaje, un animal que moriría de cansancio y hambre durante la penosa marcha. En la capital, se podría decir que le fue bien, que triunfó rápidamente, pero la comida que estaba cada día sobre su mesa llenaba de tristeza al joven Arturo, por la razón de no saber si sus padres estaban bien. Además, se imaginaba que ellos nunca podrían comer lo que él saboreaba en ese instante. REGIÓN DE ATACAMA 14 Futre: en Chile suele usarse para referirse a un hombre de clase social alta (nota de la edición).

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