ANTOLOGIA 2025

::208:: ANTOLOGÍA 2025 Nos decidimos por la segunda huella. Cabalgamos creo como dos horas cuando finalmente distinguimos a lo lejos una avenida de álamos, seña indiscutible de un lugar poblado. Efectivamente era la casa de la señora Irma. ¡Gran alivio! Después de los saludos protocolares nos enteramos que el esposo de doña Irma se había quedado en el pueblo, por lo que ella no nos esperaba. Dicho esto, se disculpó por no tener algo que invitarnos, pero estaba por hacer unas sopaipillas. De pronto llamó a su hija y ésta salió hacia el patio, de donde regresó con una gallina recién muerta. Después de escuchar nuevamente las disculpas de la señora Irma y la culpa de su marido, que cuando iba al pueblo se olvidaba de que tenía casa y familia por estar con los amigos en la cantina, nos dijo que esperáramos a que se cocinara la gallina para compensar la falta. Con el hambre que teníamos por supuesto que aceptamos, al fin y al cabo, ya conocíamos el camino de regreso y aún quedaba bastante claridad del día. Mi comadre le hacía la permanente a la hija, mientras la mamá cocinaba la gallina, además de invitarnos unos mates dulces que en verdad no hacían más que aumentar el apetito. “¡Esta gallina está dura todavía! Parece que la Meche escogió la gallina más vieja… Van a perdonar ustedes esta demora…” Ahí entonces intervino mi comadre con una feliz idea. “¿Sabe, señora Irma? Yo recuerdo que mi abuelita decía que cuando una gallina estaba muy vieja a la olla había que echarle un trocito de loza y la carne se ablanda muy rápido”. Lo cierto es que doña Irma rápidamente fue en busca de una taza rota, le sacó un pedazo de acuerdo a las dimensiones dadas por mi comadre y la echó dentro de la olla. Pasados unos minutos, destapó la olla y ¡sorpresa! El trozo de la taza no era de loza sino de ¡greda! Con el calor se derritió, dejando la olla inservible y con un feo color entre gris y café. No quedó más remedio que regresar sin comer a nuestros hogares. Desde entonces antes de salir revisamos que en nuestras alforjas vaya comida suficiente para no volver a pasar hambre y no olvido recomendar a mi comadre que por favor guarde para sí los consejos heredados de su abuela. REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO

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