ANTOLOGIA 2025

::203:: HISTORIAS CAMPESINAS MATEO, EL GUACHO DEL VIENTO Pablo Hernández Primer lugar regional Coyhaique 36 años Por los lados de Coyhaique, donde la escarcha cubre hasta los pensamientos, nació un niño sin madre ni padre. Apareció una mañana al lado de la iglesia, arropao en un pedazo de frazada de saco. Como no traía nombre, una vecina le puso Mateo. "Nombre de profeta", dijo. Mateo se crio a pulso, entre manos prestadas. Comía donde le dieran, dormía donde pudiera. A veces con los ovejeros, otras con alguna abuela buena pa’ la historia. Aprendió a montar antes que a leer, y a escuchar al viento antes que a hablar de más. Desde chico decía cosas raras: que el río le contaba secretos, que los álamos sabían su nombre. Unos se reían, otros se persignaban. Pero Mateo seguía con la vista lejos, como si su corazón anduviera buscando algo que ni él entendía. A los quince años agarró su manta, su cuchillo bien afilao un pedazo de pan duro y su caballo flaco que se llamaba Relincho. —Me voy a encontrarme —dijo, y se fue cuesta abajo por la Carretera Austral. Paso a paso por la tierra. Caminó por Villa Ortega, donde un viejo le contó de una sombra buena que aparece a los guachos con pena en el alma. En Tranquilo supo del lago que habla con los que lo escuchan. En Cochrane una anciana le dijo que si quería saber de su origen debía buscar, no gente, sino señales. Así anduvo, con la mirada abierta y el corazón atento. Un día, ya cerca de Puyuhuapi, mientras calentaba agua en una latita, la vio. Alta, delgada, sin forma clara. Una sombra parada entre los árboles. Mateo se acordó de lo que le habían dicho y no tuvo miedo. Montó a Relincho y la siguió. Cruzó bosques cerrados, puentes viejos, pasarelas de alambre y agua honda. La sombra se movía despacio, como quien no apura a quien busca. Al amanecer llegaron a un puente de madera podrida. Allí, colgando de un fierro oxidado, encontró una medalla. Tenía su nombre: “Mateo”. Y una flor de ñirre grabada. Mateo se quedó helado. Ahí entendió que no andaba solo. Que la tierra lo conocía antes que él supiera quién era. El hilo de su historia. Siguió buscando. REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO

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