ANTOLOGIA 2025

::196:: ANTOLOGÍA 2025 sueño inducido por el muday15. Al despertar relató que los dioses le habían dado la respuesta. Ellos querían un tributo: el sacrificio de un niño, ni muy grande, ni muy pequeño, que no hubiera sido criado por su padre. Mientras escuchaba sus palabras volví a sentir una gran angustia y corrí con dirección a mi ruca. Allí me escondí, pero cuál fue mi sorpresa al escuchar la muchedumbre viniendo hacia mí, cada vez más cerca y con gritos muy fuertes. Me sacaron de mi escondite, solo para agarrarme de mis pequeños y delgados brazos, llevándome directo hacia la cima de un acantilado que daba al mar. Justo allí estaban mi abuelo y la machi esperándome. Me alegré al verlo ya que él seguramente me salvaría, y le grité: —¡Abuelito, abuelito! Ayúdame por favor, no sé qué quieren hacerme, sálvame de estos hombres. Él solo me miró y bajó su mirada, no hizo nada. Al ver su reacción no supe qué pensar ni qué hacer, estaba aterrado. Cuando llegamos a la cima la machi me bendijo y me dijo: —Niño, has sido bendecido por los dioses al ser elegido para calmar su ira. Descansa, pequeño, tu sacrificio ayudará a todos. Junto con esas palabras comenzó a hablar otras lenguas. Asustado, gritaba por ayuda e intentaba zafarme, pero era inútil, los hombres que me sostenían eran mucho más fuertes que yo. Comenzaron a despojarme de mis atuendos, se los entregaron a mi abuelo, el cual me dijo, sin mirarme a los ojos: —Perdóname, mi querido Josecito, pero este es tu destino. Luego se alejó. No pude responderle. Justo en ese momento la machi tomó un cuchillo y lo introdujo en mi pequeño pecho, dejándome sin aliento alguno. Lo último que sentí fue el filo de los cuchillos de la gente cortándome los brazos, las piernas y mi cabeza, los cuales arrojaron al mar. Por alguna razón aún recuerdo eso, la fría agua del mar entrando por los orificios donde antes estaban mis brazos y mis piernas, pero mi cabeza aún seguía consciente lamentando el hecho de que jamás volvería a ver a mi madre, abrazarla ni mucho menos sentir ese calor cada vez que me daba su cariño. Poco a poco iba olvidando su aroma mientras me internaba en las profundidades del mar, pensando por qué mi querido abuelito había permitido que me sacrificaran. En fin, si les cuento esto es porque al morir quedé en un lugar muy bonito y tranquilo en donde no siento rencor ni mucho menos tristeza. No sé cómo llegué aquí, solo sé que una mano gigante me tomó y me trajo. Han pasado 65 años desde esta tragedia que cobró cientos de almas, pero aún sigo pensando en por qué me hicieron eso. Vago por la tierra buscando una respuesta lógica para entender semejante atrocidad, contando mi historia a algunas personas con las que puedo hablar y, claro, me pueden ver, como esta chica llamada Dévora. Le conté mi historia y quedó fascinada. Me preguntó si podía escribirla, me dijo que se la mostraría a sus profesores y así ojalá se hiciera más conocida para que no me olviden. Le dije que sí, anhelo que jamás olviden mi sacrificio, que lo tengan presente en sus memorias para que jamás se repita. Ahora solo espero que mi madre me pueda acompañar y así volvamos a estar juntos por siempre. Basado en hechos reales: “Sacrificio humano, terremoto de Valdivia, 1960”. REGIÓN DE LOS RÍOS 15 Muday: bebida tradicional mapuche, de baja graduación alcohólica, hecha por fermentación de granos (como trigo o maíz) o piñones, usada sobre en ceremonias y rituales comunitarios (nota de la edición).

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