ANTOLOGIA 2025

::195:: HISTORIAS CAMPESINAS NOMPUEHUENU, AL OTRO LADO DEL CIELO Devora Oyarzún Pérez Segundo lugar regional Río Bueno 15 años “Huacho”: así me llamaban. No me molestaba, ya que tenía a mi abuelo Juan y a mi querida madre y ellos lo eran todo para mí, pero sufrí la peor de las tragedias. Para que no se pierdan en esta historia les contaré un poco de mí. Tenía cinco añitos y era de una estatura digamos que media, quizás un poco más baja que los otros niños. Ah, y lo más importante: mi nombre es José Luis Painecur Painecur. Les pido que por favor que no se molesten por mi narrativa ya que soy muy pequeño y me cuesta un poco expresarme. Era yo muy feliz, ayudaba a mi querido abuelo mientras mi madre se iba a trabajar lejos por varias semanas, cosa que me ponía muy triste porque yo no podía acompañarla. Pero cuando volvía lloraba de alegría, ya que podía abrazarla y sentir su calor, su aroma y todo su amor. Un día mi madre me dijo: —José, tengo que irme a trabajar, ayuda a tu abuelo con el trabajo. Mientras salían de su boca esas palabras corrí para abrazarla y darle un beso enorme. Por alguna razón mientras lo hacía sentí una gran angustia que me llevó a rogarle que no fuera, que se quedara conmigo. Pero fue imposible, mi madre se fue a trabajar y yo me quedé aquí, llorando de tristeza. Sin embargo, mi abuelo era quien me consolaba y me animaba diciéndome: —Josecito, tu madre ya volverá y podrás verla, por ahora solo tenemos que trabajar para que así el tiempo pase más rápido. Yo solo le sonreía, mientras me ponía de pie y caminaba hacia él dispuesto a trabajar. Ese día comenzó mi sufrimiento, puesto que la tierra comenzó a moverse, a temblar, no sé cómo explicarlo, solo que no podía ponerme de pie. Me asomé a la ventana de mi pequeña ruca y lo que logré ver fue terrible. Las olas del mar eran gigantescas. Jamás en mis cortos años de vida había visto algo similar, la gente corría asustada. Mi abuelo me agarró fuerte y no me soltó hasta que todo cesó. Horrorizado vi a gente muerta, aplastada por rocas, ahogada, y supe después que muchos quedaron simplemente como desaparecidos… nunca los lograron encontrar. Solo pensaba en mi madre, la extrañaba mucho y rogaba que estuviera viva. Los días pasaban y no se sabía nada de ella. Los pocos aldeanos que quedaron se reunían a hablar, yo por supuesto no entendía lo que pasaba, ya que mi abuelo no me llevaba con él. “Eran cosas de grandes”, decía. Cierta tarde, unos quince días después de los movimientos de tierra y las olas gigantes, los hombres comenzaron a danzar mientras la machi Juana Namuncura Añen se sumió en un REGIÓN DE LOS RÍOS

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