ANTOLOGIA 2025

::197:: HISTORIAS CAMPESINAS DE ASUNTOS DIVINOS A DILIGENCIAS MÁGICAS Nataly Lagos Montecinos Tercer lugar regional Futrono 36 años Celindo toda su vida fue un hombre respetuoso de Dios, de la Virgen del Carmen y de todos los santos. A sus setenta años casi nunca faltó a velorios ni mucho menos a un casamiento, y todos sus hijos se casaron por las dos leyes. Debía ser así. Para Celindo la misa era sagrada, pero no hubo día en que no saliera peleando con el padre Jacinto, ya que según Celindo el sacerdote cada día hablaba más bajito y los años lo habían vuelto sordo y ciego. Sabina, su esposa, solo movía la cabeza. En los campos la gente no solo rige su vida en torno al mandato de Dios, sino también en base a creencias y supersticiones. Así como se tiene respeto al Divino y a todos sus santos, también se le teme al Mandinga. La entrada de la casa de Celindo estaba custodiada por una ruda para espantar las malas energías, mientras que en sus puertas colgaban ramas de laurel para ahuyentar a los brujos y siempre en la mesa se cuidaba de no tirar la sal. Un día, a la hora de las lechuzas, mientras Celindo entraba la ropa seca del cordel, sintió un particular canto. Según él fue el canto del Tué-Tué. Aterrorizado, y después de persignarse y rezar el Ave María, Celindo invitó al ave, como mandaba la creencia popular, a tomar mate. —Ven mañana a las cuatro a mi casa —le dijo. Pero con lo temeroso que era, al minuto se arrepintió de su atrevimiento, pues la Tué-Tué tiene fama de no despreciar convites. Celindo preparó el ambiente para recibir a su invitada. En una silla, por consejo de doña Maiga, colocó una tijera abierta, oculta debajo de un cojín, con el propósito que la Tué-Tué no pudiera levantarse de la misma. Y siguiendo las palabras de la doña, dejó un atado de cebollas en la mesa, para la protección contra las malas artes. Sabina, al ver la trampa que preparaba su esposo, muy confundida le preguntó “¿Qué estás haciendo, viejo?”. El hombre, urgido y a esas alturas muy asustado, le respondió que estaba esperando a la Tué-Tué. No pasó ni medio segundo cuando en el techo de la casa se escuchó un “tic - tac” (onomatopeya que identifica al canto de las bandurrias). —¡Llegó la bruja! —dijo exaltado Celindo. Mirando con pena la cobardía de su marido, Sabina muy contrariada le respondió. REGIÓN DE LOS RÍOS

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