::189:: HISTORIAS CAMPESINAS El padre de Tomás bajó cojeando hasta la pista. Sus movimientos eran torpes, pero seguros, deseosos de llegar pronto al lado de su pequeño. Su hijo le entregó el trofeo con cierta vacilación, pero el viejo, con una sonrisa amplia en su rostro y una mirada de orgullo y felicidad, lo alzó con manos temblorosas. Y, después de abrazarlo y felicitarlo, habló hacia el público que esperaba con impaciencia sus palabras. Por primera vez habló de la caída, de la frustración y del miedo. Pero su visión había cambiado, ahora era de pura gratitud y alegría al sentir que estaba de regreso a lo que él más ha amado en la vida: seguir la herencia familiar junto a su hijo. Desde entonces las carreras se volvieron distintas en la comunidad. No se trataba solo de ganar, sino de correr con historia. Y aunque muchos volvieron a reír de los caballos chicos, cada vez que alguien veía a un mestizo testarudo en la pista, decían: —Cuidado, podría ser otro Pichintún. REGIÓN DE LA ARAUCANÍA
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