ANTOLOGIA 2025

::188:: ANTOLOGÍA 2025 Al poco rato, y en medio de la algarabía al oír mencionar al primer competidor, el comentarista anunciaba con voz chillona su entrada a la pista. —¡Y en el partidor número 2, el joven novato Tomás Valdebenito, con su caballo… Pichintún! Las risas se oyeron como ruidos insoportables en medio de un aserradero. Pero Tomás no escuchaba. Solo sentía el latido de su caballo y la tierra bajo las herraduras. No quería levantar la vista hacia el público, no quería encontrar a su padre justo hoy, cuando en años no aparecía ni por si acaso. No soportaría ver su rostro de decepción y molestia. El disparo sonó y la carrera comenzó. En los primeros metros Tormenta Negra, quien era el rival, tomó la delantera, mientras que Pichintún se esforzaba por mantener el ritmo a fuerza de sudor. Parecía estar fuera de lugar, como un burro colado en una fiesta de gala. Pero algo cambió. Tomás apretó los dientes y soltó a Pichintún. El animal respondió como si hubiera estado esperando ese momento. —¡Muévete, compañero, que aquí no nos quieren! —susurró Tomás contra el viento. Y Pichintún corrió, corrió como ningún otro animal en el planeta. Los gritos del público cambiaron de burla a sorpresa al ver que aquel insignificante caballo sobrepasaba al pura sangre. La tierra se levantaba como humo. El comentarista gritaba: —¡No lo puedo creer, el chiquillo del partidor 2 viene volando! La meta estaba cerca. Tormenta Negra y Pichintún corrían casi a la par. Uno a uno, manteniendo la delantera. Tomás vio la diferencia, vio el momento y la tomó. Fue un segundo. Un pestañeo. Y cruzó la meta. Hubo un silencio. Luego, una explosión de voces. El Fotofinish, un sistema que se implementó hace muy poco, mostró una imagen insólita: el hocico de Pichintún se veía apenas una nariz por delante. Tomás no gritó. No lloró. Solo miró hacia las gradas, donde vio a su padre de pie por primera vez en años, con los ojos brillosos y la mano sobre el corazón. Y cuando le entregaron el trofeo, Tomás dijo algo inesperado: —Este premio no me pertenece. Pichintún no es mío. Hubo murmullos. Todos miraban con sorpresa y expectación. Tomás miró el trofeo, luego a su caballo, para después alzar la vista hacia el público. —Este caballo era de mi padre. Lo crio cuando aún podía montar. Yo solo completé lo que él empezó. REGIÓN DE LA ARAUCANÍA

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