::187:: HISTORIAS CAMPESINAS LA GRAN CARRERA Oscar Medina Maureira Primer lugar regional Padre Las Casas 50 años En un sector muy cerca de la comuna de Nueva Imperial la vida gira en torno a tres cosas: la cosecha, el turismo y las carreras a la chilena. Cada año, en la Fiesta Grande de septiembre, los campesinos del valle traían a sus mejores caballos para competir en la cancha de tierra, mientras toda la comunidad se reunía con empanadas, vino tinto y gritos roncos de emoción. Tomás lo había visto todo desde las gradas. Nunca desde el partidor. Su padre había sido un jinete legendario hasta que un accidente lo dejó sin poder caminar bien. Desde entonces, el viejo solo cuidaba los caballos de los demás, pero sin montarlos. Ni mucho menos hablaba del tema. Tomás, desde hacía un tiempo, entrenaba en secreto con Pichintún, un caballo mestizo, chico y testarudo, pero rápido como el viento en las frías noches. El caballo solo estaba ahí, en casa, casi abandonado, haciendo simplemente labores pesadas en la tierra, sin otro fin que ser una herramienta de trabajo. Nadie lo tomaba en cuenta. Solo él le había visto un no sé qué, que lo motivó a enseñarle nuevamente el arte de correr. Las personas que lo veían practicar apuntaban con el dedo y decían: «Ese es un caballo pa´ cargar sacos, no pa´ correr». Ese año, algo en Tomás hizo clic. Tal vez fue al ver cómo los jinetes desfilaban con arrogancia, o cómo su padre callaba cada vez que hablaban de la carrera. Ese clic lo instó a inscribirse sin decir nada a nadie. Cuando vieron su nombre en la lista, todos rieron. —¿Con ese matungo? —decían los otros jinetes entre risas y burlas—. Va a comer tierra antes de los primeros metros. Pero un anciano, de nombre Mario, que vendía mote con huesillo, lo miró distinto. —Tu padre ganó aquí con menos —dijo él con una voz firme. Miraba al chico con nostalgia, pero a su vez con seguridad—. Seguramente lo llevas en la sangre. Dichas aquellas palabras el vendedor de mote le propinó tres palmadas alentadoras en la espalda, y se retiró con una amplia sonrisa en su rostro. Tomás se irguió con orgullo y esperanza. El día previo a la carrera Tomás apenas pudo dormir. A las nueve, la cancha ya estaba llena. Los favoritos eran Tormenta Negra y Brillante, dos caballos entrenados por personas preparadas y profesionales. Tomás los miraba con cierta admiración, pero mantenía la fe sobre su humilde caballo. REGIÓN DE LA ARAUCANÍA
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