ANTOLOGIA 2025

::173:: HISTORIAS CAMPESINAS Así pues, luego del matrimonio, ella lo mandó a llamar y la familia se fue a vivir a las vegas del fundo, lejos de la casa patronal. Arsenio siguió desempeñando el papel de mozo y Rita por su parte se dedicó a las labores domésticas en su casa y a cuidar de Arsenio y de su hijo Manuel. El lugar era pequeño, tenía dos piezas, una cocina y un corredor. La cocina era el espacio de encuentro. Tenía las murallas negras producto del humo de la cocina a leña y del carbón del brasero. El piso era de tierra, que rociaba sagradamente dos veces al día para luego barrerlo. También había ristras de ajos, cebollas y ajíes que le daban cierto colorido. En una pequeña repisa se veían sobres de aliño completo La Negrita y frascos con orégano, comino y ají de color. Casi puedo verla, sentada en un piso bajo, con totora en el asiento, dejando caer pequeñas pelotas de masa, ayudada por dos cucharas en el caldo previamente sazonado y que se convertiría en una exquisita sopa de machos ahogados, como ella la llamaba. Cuando el niño nació pensaron en las dificultades para criar a dos hijos. Había que decidir entre Mañungo, como le decían, y la guagua, motivo por el cual se habían casado. Finalmente, optaron por quedarse con Manuel. Mal que mal era grandecito y podría ayudarlos en diferentes quehaceres. Fue así como dejaron al niño recién nacido en manos de las monjas del asilo de la infancia en Curicó. Por un tiempo, dijeron. Pasaron los meses y los años. Cuando creyeron que ya era el momento, y decidieron ir a buscarlo, éste ya no estaba. Para él también habían pasado los años y había llegado a la edad en que las monjas consideraron que debían dejarlo ir. Desgraciadamente no tenían antecedentes de dónde ni con quién estaría. No tenían modo de ubicarlo. Por lo que nunca más supieron de él. Ambos volvieron al fundo con las manos vacías. Ahí los esperaba Manuel y con él continuaron la vida. Arsenio, me divisa en el corredor, me saluda con la mano y me dedica una sonrisa. Luego vuelve a echar andar hacia el campo, serio, cabizbajo, mirando el suelo. Debe apurarse para botar el taco del canal y alcanzar a regar las lechugas, antes que se le haga tarde. En un par de días deberá cosecharlas y cargarlas en su carretela para llevarlas a la feria. Me pregunto qué sentirá de estar casado con la hermana que no era de su predilección, con un hijo que no es su hijo y con unos nietos que no son sus nietos. Nunca supe si aprendió a leer y a escribir. REGIÓN DEL MAULE

RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy