::168:: ANTOLOGÍA 2025 EL CHINCOL, LA TORCACITA Y EL ZORRO Jaime Herrera Darcangeli Segundo lugar regional Machalí 55 años En aquellos tiempos, la torcaza acostumbraba a construir su nido en el suelo, ubicación propicia para que el malvado zorro, sin compasión por la pobre avecita, le arrebatara a sus crías. Cada vez que la veía preparando un nuevo cobijo, el zorro se alegraba y se jactaba de que, ya crecida la prole, se la comería. No contento con ello, el despiadado animalillo le anunció que había decidido tomarse unas vacaciones y que, a su regreso, vendría con mucha hambre, de modo que se daría un rico festín con los hijos de la torcacita. Esta noticia entristeció tanto a la torcacita que volaba por el bosque llena de angustia, quejándose de su desventura. Bandadas de pajaritos la acompañaban en su dolor, maldecían al zorro e intentaban consolarla vanamente. Hasta que apareció el chincol, avecilla despabilada, y le preguntó: —¿Por qué lloras tanto, torcacita? La angustiada madre le contó su desgracia. Ella no podía construir su nido en el suelo como acostumbraba, porque el zorro le quitaba sus hijos cuando recién empezaban a volar. El chincol comprendió que la pena de la torcaza era también su pena, y para consolarla, la previno de la siguiente manera: —Amiga mía, desde hoy en adelante construya su nido en el árbol más alto; allí estarán seguros usted y sus hijos, y cuando vuelva ese sinvergüenza se va a llevar la tremenda sorpresita. Además, torcacita, enseñe a sus hijos a ser desconfiados, a mirar a los demás por el rabillo del ojo. Así ningún zorro y ningún otro animal se aprovechará de ustedes. Y luego, dando uno de sus melodiosos pitíos, se despidió de la torcacita, contándole que se iba de vacaciones a la Argentina, en donde tenía muchas amistades cariñosas y donde se la pasaba muy bien. Cuando volvió el zorro, descubrió que el nido de la torcacita había desaparecido del suelo y estaba construido en las alturas. Le dio tanta rabia que reclamó el derecho de los malvados, quienes siempre se apoderan de aquello que no les pertenece. —¿Por qué, torcacita, pusiste el nido tan alto? —preguntó el zorro, fastidiado. La torcacita, incapaz de esconder la verdad que la bendecía, contestó: —Fue el chincolito quien me aconsejó que pusiera el nido lejos de tu alcance. —¿Dónde se esconde ese traidor? REGIÓN DEL LIBERTADOR GENERAL BERNARDO O'HIGGINS
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