::155:: HISTORIAS CAMPESINAS —Sí, ¿Qué tienen? Son para la construcción, la van a empezar la próxima semana parece. —¿Y por qué los abriste? —¡No!, Si los trajeron del Serviu, los maestros, yo no los he abierto. —¡Sí los abriste! Me hubieras dicho que se te acabó la harina ¡A estos panes les echaste cemento, mujer! —se reía el padre como siempre, con los pocos dientes que le quedaban, los que ya no le servían como antes para el pan de concreto de la Juana. ¿Qué habrá sido? ¿La cantidad de levadura? ¿El calor del horno? ¿El amasijo? ¿De verdad se equivocaba de saco la Juana? Suspiraba el hombre hacía años resignado, como se resigna la tierra a la lluvia de junio porque sabe que por ella tendrá nuevos brotes en noviembre. Los hermanos crecieron, hicieron sus familias, emigraron. Los que se quedaron cerca visitaban seguido al tata, porque era un hombre bueno. Sí que había dado brotes el pan duro de la Juana. A veces, confundir la harina con el cemento nos ayuda a mantener nuestra entereza, es la fortaleza que necesitamos para lograr salir adelante. Porque conocer la dureza no te quita la nobleza, solo te quita la idea leve que tienes de ella. REGIÓN DE VALPARAÍSO
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy