::147:: HISTORIAS CAMPESINAS DONDE EL AGUA GUARDA LA MEMORIA Verónica González Delgado Primer lugar regional Coquimbo 50 años El ruido llegó como un zumbido de avispa furiosa. Primero fueron las camionetas blancas, después los hombres con cascos y carpetas, y por último las máquinas: grandes, metálicas, como bestias sordas que avanzaban arrastrando el polvo y enterrando los recuerdos. Fueron años de negociaciones. De tratar de convencernos que todo sería mejor en nuestro nuevo pueblo, que inundar Gualliguaica era la mejor opción para todos. El embalse mejoraría el riego agrícola en el valle, aseguraría el agua para pueblos y ciudades de la región y regularía el caudal cada vez más escaso del río Elqui, pero eso significaba sacarnos a todos. Nos prometieron casas nuevas, alcantarillado, agua potable, ¡hasta postes de luz!, pero tendríamos que abandonar nuestras raíces, nuestra historia. Mi casa era de adobe, techada de caña y barro. En el patio había un membrillo, algunos eucaliptus y un gran parrón que nos protegía del sol en los largos y conversados almuerzos familiares. ¿Cómo iba a dejar atrás toda mi vida? Ahí estaba la escuelita donde aprendí a leer, estaba el cementerio donde enterré a mis padres, a mis abuelos y bisabuelos. Nos resistimos todo lo que pudimos, pero nos vimos obligados a trasladarnos a ese nuevo lugar, donde todo era cemento y quietud, donde las casas eran blancas y ordenadas, todas iguales, sin alma. Cuando vino el agua lloramos todos, hombres y mujeres. El embalse se tragaba nuestras vidas, nuestros recuerdos. Vi desaparecer las calles por las que corrí cuando era niña, el duraznero de mi hermana, la iglesia, el horno de barro y los ciruelos en flor. Vi al pueblo ahogarse en silencio. Me senté frente a mi ventana y lloré por semanas, no por la casa, sino porque nunca más vería el paisaje que me vio crecer. A veces, cuando baja el caudal del embalse por la sequía, me baja la nostalgia y me acerco al mirador y contemplo un trocito de techo agrietado, un pedacito de muralla que se asoma tímido, como si todavía estuvieran ahí, peleando por sobrevivir, por aguantar el chaparrón, por luchar contra el olvido. REGIÓN DE COQUIMBO
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