::146:: ANTOLOGÍA 2025 No dijeron nada. Solo se oyó el viento. Cuando bajaron del cerro, Amaru parecía distinta. Menos ansiosa, más en paz. —Gracias, abuelo —dijo antes de partir. Seferino no respondió. Solo levantó una mano en despedida y volvió a su casa. Esa noche, mientras miraba las estrellas, creyó oír la voz de su esposa, muerta hacía más de veinte años. Decía bajito, como cantando: “Cuando alguien recuerda, nadie muere”. Y Seferino sonrió. REGIÓN DE ATACAMA
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