ANTOLOGIA 2025

::144:: ANTOLOGÍA 2025 EL SILENCIO DEL VIENTO, CUENTO DEL CAMPO ATACAMEÑO Isabella Bordones Contreras Segundo lugar regional Copiapó 15 años En el corazón del desierto de Atacama, donde el sol abrasa las piedras y el viento canta en lengua antigua, vivía una anciana llamada Mama Quilla. No era curandera, ni sacerdotisa, ni bruja, pero todos decían que el viento le hablaba desde que era niña. Vivía sola en una choza de barro, al pie de un cerro seco, cerca del salar. Los niños la observaban de lejos, con respeto y un poco de miedo. Decían que podía predecir tormentas, sequías y hasta nacimientos. Pero Mama Quilla solo reía, mascando coca, contemplando las montañas como si fueran viejas amigas. Una tarde, mientras el cielo se teñía de cobre y el viento comenzaba su cansino lamento, un joven llamado Inti llegó hasta su choza. Su llama había muerto y el agua de su pozo se había secado. Desesperado, pidió ayuda. —El viento me ha dejado en silencio —dijo la anciana, mirando al horizonte—. Algo lo ha enfurecido. Inti no entendía. Pero se quedó. Ayudó a recolectar leña seca, compartió sus escasas provisiones y cada noche escuchaba las historias de Mama Quilla, que hablaban de los cerros como hombres dormidos y de las estrellas como ancestros vigilantes. Una noche, cuando la luna se escondió por completo, el viento regresó. Fuerte, frío, casi violento. Pero la anciana sonrió. —Ha vuelto a hablar. Entonces caminó hasta una roca grande, cubierta de líquenes, y colocó sobre ella un puñado de sal, agua y una hoja de coca. —Pide perdón —le dijo al joven—. Tú, tu pueblo. Han olvidado respetar lo que no entienden. El salar no es solo tierra, es espíritu. Inti bajó la cabeza. Al día siguiente, volvió a su aldea. Reunió a los mayores, narró lo sucedido y suplicó que se dejara de explotar la sal sin permiso. Se hizo una ceremonia, se hicieron ofrendas al cerro y al viento. Días después, el agua volvió a brotar en los pozos y las llamas dejaron de morir. Mama Quilla ya no hablaba mucho. Decía que el viento había dicho lo que debía decir. Mama Quilla murió un invierno. Nadie lloró en voz alta, pero cada año, cuando el viento vuelve a soplar con fuerza entre las piedras, se escucha en las casas del campo una frase: “escucha al viento, que es más sabio que el hombre.” REGIÓN DE ATACAMA

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