::141:: HISTORIAS CAMPESINAS LUCIÉRNAGAS Alejandra Tello Salvatierra Tercer lugar regional Antofagasta 45 años Cuando se apaga el generador en mi pueblo de Chiu-Chiu, a eso de las once de la noche, ya se puede escuchar el silencio. Dice mi abuelita que en ese minuto más vale que me duerma, porque a las doce en punto el silencio se convierte en frialdad y oscuridad. A esa hora ya se puede escuchar el galope del caballo. Cuenta la leyenda que es el caballo de un mismísimo demonio el que ronda por el pueblo, cuidando las antiguas riquezas y tesoros que fueron enterrados por los primeros atacameños, junto a la tumba de sus ancestros. Al galope del caballo también se escuchan cadenas. Los lugareños que lo han podido divisar relatan que es un semental de color negro azabache, grande, elegante e imponente, cargado de joyas de oro y plata, pero que es mejor no toparse con él, porque si se llega a dar cuenta de que fue descubierto, te clava su mirada acechadora y a través de sus ojos de fuego quedas marcado. Entonces más vale que te vayas despidiendo, porque en un plazo no mayor a una semana te vas directo al cementerio, a ese que está por la plaza, atrás del parque y de la posta rural. Los únicos que pueden ver al caballo son los niños que duermen en ese cementerio. El caballo los despierta cada noche, y como un verdadero guardián, con la certeza de que sus almas son infinitamente más valiosas que todos los tesoros que carga, los encamina hacia la plaza central, donde toman clases, justo donde fue demolida la antigua escuela de Chiu Chiu. Durante la noche y hasta las cinco de la madrugada, cuando se levanta mi abuelo a regar, todo es oscuridad. En el sector de la plaza se pueden observar pequeñas lucecitas de luciérnagas, pero no te confundas, no todo es como parece. No son realmente luciérnagas. Cada lucecita es la risa de los niños cuando salen a recreo. Se dice que están jugando, riendo y correteando por su vieja escuela. REGIÓN DE ANTOFAGASTA
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