::136:: ANTOLOGÍA 2025 Volvió a ir al correo al otro día, recordando que tenía que ir a recoger los sacos que le habían prometido. Al ir se encontró con que no había nadie en la casa de las señoras, tampoco estaban las llamas y se fue a caminar a la orilla del río. Después de un rato, se acordó de la carta y pensó que podría haber llegado la respuesta. Su hermana le contaba que lo visitaría. Muy contento se fue a casa, pero se acordó de que no tenía dinero para recibirla. De pronto, recordó el cantarito en el que había oro y lo fue a buscar al río. Después de encontrarlo, sacó seis monedas de oro, y fue a comprar víveres para esperar a su hermana. Pasaron los días, cuando llegó su hermana junto a su marido. Juan se dio cuenta de que lo que había comprado no era suficiente para todos. Así que fue a buscar otra moneda al cántaro. Llegando a su casa, vio a su hermana, le dio un gran abrazo y empezaron a conversar. El esposo de su hermana era un engreído y creído, que juzgaba la casa humilde de Juan, el que se sintió ofendido. Su cuñado empezó con supersticiones de que la casa era rara y extraña. Para complacer a este hombre, Juan fue tres veces más a buscar monedas de oro al río. El marido se empezó a preguntar por qué Juan tenía dinero y de dónde lo estaba sacando. Cuando Juan fue de nuevo a sacar monedas, éste lo siguió, lleno de maldad y avaricia, esperando que Juan se fuera a su casa. Cuando sacó la tapa del cántaro, ¡encontró una serpiente que tenía dos cabezas! El hombre, asustado, tiró la tapa del tiesto y se fue corriendo a la casa de Juan, comenzando a gritarle. En medio de toda la locura, el esposo salió de la casa y no regresó. Su esposa se preocupó y salió a buscar a su marido. Pasó una semana y encontraron al hombre, pero se había vuelto loco, razón por la que su hermana se volvió a la ciudad. Juan se encontró con las señoras y les preguntó por qué no le habían pagado si había cumplido todos los días que le pidieron. Las señoras le respondieron que la olla que había encontrado era el pago por todo el trabajo. Juan, impactado por lo que escuchó, preguntó por su cuñado y la serpiente. Las señoras le dijeron que le había pasado por ambicioso. Después de haber dicho esto, las señoras desaparecieron al cabo de dos semanas. Juan llevó su cántaro lleno de oro y vivió muy bien hasta el día que dejó este mundo. Antes de morir, misteriosamente, desapareció el cántaro. REGIÓN DE TARAPACÁ
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