::135:: HISTORIAS CAMPESINAS EL TONTO JUAN Celeste Cruz Choquevillca Tercer lugar regional Iquique 15 años En la mitad de la frontera vivía un hombre que tenía una casa muy humilde, perteneciente a su mamá. También tenía una hermana que vivía con su marido, que era un político. El hombre se llamaba Juan, más conocido como el Tonto Juan. Él pastoreaba ovejas y chivos, también vacas. Todos los días iba con ellas a pastorear. Un día, unas señoras lo contrataron para pastorear a sus llamas. Fue a la casa de las señoras y se llevó la sorpresa de que eran más de 56 llamas. Las señoras le prometieron tres sacos de maíz. Él aceptó con la condición de que un saco fuera de arroz. Las señoras aceptaron el trato. Juan se sintió afortunado porque le pagarían muy bien y pensó “¿Será, pues, que puedo pastear a todo un rebaño?” Las señoras dijeron que cuando se perdieran, silbara tres veces y las encontraría. Juan, sin esperar lo que iba a suceder, sacó a las llamas del corral y las llevó a un monte. Él estaba feliz porque sólo tenía que cuidarlas por dos días y porque la paga era muy buena. Así estuvo un buen rato, cuando, de repente, se le perdieron tres llamas y rápidamente se puso a buscarlas. Se acordó de lo que le dijo la señora, empezó a silbar y las llamas, como por arte de magia, aparecieron. Sorprendido, se frotó los ojos, y las volvió a mirar. Se sintió aliviado y se sentó entre dos árboles, viendo cómo las llamas pastoreaban. Se relajó y comió unas manzanas que sacó del árbol. Después que sació su hambre, se acomodó y se quedó dormido. Pasaron dos horas y ya era momento de llevar a las llamas a su corral. Juan empezó a arriar a las llamas y las señoras lo recibieron con una sonrisa. Se fue a su casa, la que se encontraba muy lejos. Se perdió en el camino después de caminar largo rato, estando muy cerca y se puso a pensar que sería de su hermana. Se consumió en sus pensamientos hasta que se dio cuenta de que había llegado a su casa, y se dijo así mismo que mañana le mandaría una carta. Juan se acostó y se quedó dormido. Al día siguiente, se levantó temprano y escribió la carta. Después de ir al correo, fue a la casa de las señoras a sacar las llamas del corral. Se sintió feliz, cantando junto a las llamas. Después de pastorear, se sentó junto a la orilla del río que emitía un sonido como si lo arrastrara. Se puso a buscar, escuchando el río. Después de un buen tiempo, Juan estaba cansado y vio cómo se acercaba un cántaro lleno de oro. Estaba sorprendido de que eso estuviera ahí y tomó una moneda. Luego se fue con las llamas a seguir pastoreándolas. Al volver al corral, no encontró a las dos señoras. Juan pensó que entonces cobraría al otro día, y se fue a su casa. A medio camino se acordó de la carta que le envió a su hermana. Al llegar a la casa escribió otra carta contándole lo que vio y le ocurrió. REGIÓN DE TARAPACÁ
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