::134:: ANTOLOGÍA 2025 En el camino Katari iba moviendo su trenza al son de sus pasitos cuando la realidad prontamente empujó su cuerpo hacia el suelo: vio la puerta de su casa y recordó la amenaza de su padre. “No puedo entrar, mamita, mi padre dijo que iba a cortar mi pelo hoy”, dijo la niña entre suspiros ahogados, al borde de las lágrimas nuevamente. “Entra, warmisita, báñate, estaré aquí cuando termines y te enseñaré a trenzarte tú misma”. Katari entró en la casa, incrédula y con la angustia presionando en sus costillas. Se metió a la ducha y el agua comenzó a correr por su cabeza, utilizando su cabello como resbalín y tiñendo todo de café. Levantó la cara y ya no sabía si era agua o sal lo que caía por sus mejillas. Cerró los ojos y comenzó a enjuagar su cabello. Cuando salió de la ducha, se vistió y secó su pelo lo más rápido que pudo, se asomó por la puerta de la casa, que seguía abierta, y vio a la mujer sentada afuera. Se alegró tanto de que estuviera allí. Al verla, la mujer corrió la silla y se puso de espaldas a la niña, le dijo que para aprender a trenzarse primero debía aprender a trenzar a otra warmi. Le alcanzó el cepillo y Katari comenzó a cepillar su áspero cabello lo más suave y lento que pudo: “Separa el cabello en tres partes, luego toma una de las esquinas y llévala hacia el centro, luego la otra esquina y vuelve al centro. Katari, siempre vuelve a tu centro”. REGIÓN DE TARAPACÁ
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