::127:: HISTORIAS CAMPESINAS A la mañana siguiente, una comparsa subió por las calles de Codpa con bombos y platillos para recogerlo. Mariana entregó al Ño con un beso en la frente y le deseó un carnaval lleno de alegría. El Ño fue sentado en una silla especial desde donde observó el baile del membrillazo: los jóvenes danzaban agitando ramas de membrillo y lanzaban harina al aire en una nube blanca de euforia y tradición. Durante una semana completa, tanto en San Miguel como en Codpa, los pueblos vivieron al ritmo del Ño. Bailes, comidas, música, juegos de agua y risas tejían una red invisible que unía a generaciones enteras. El Ño Carnavalón se volvió el centro de todos los encuentros, el motivo para recordar que, aunque el año traiga penas, siempre habrá una semana para celebrar. Finalmente, cuando el carnaval tocó a su fin, el Ño Carnavalón fue devuelto a su descanso. En Codpa lo llevaron nuevamente al cerro, lo sentaron entre piedras y lo challaron con cerveza y serpentinas. En San Miguel lo enterraron entre cantos y abrazos. Y así, mientras el valle volvía a su rutina, todos sabían que bajo la tierra o sobre las piedras, el Ño Carnavalón dormía con una sonrisa, esperando el siguiente año para traer de vuelta la alegría al corazón de los pueblos. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA
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