::126:: ANTOLOGÍA 2025 EL RETORNO DEL ÑO CARNAVALÓN Maylin Chura Quispe Segundo lugar regional Arica 15 años En las laderas doradas de San Miguel de Azapa, donde el sol cae pesado sobre los olivos y los tamarugos, los rumores comenzaron a correr desde temprano: esa tarde se desenterraba al Ño Carnavalón. Para la pequeña Dalia, de apenas doce años, era la primera vez que participa del ritual, y aunque su abuela le había contado cientos de veces cómo se hacía, nada se comparaba con vivirlo en carne propia. A las cinco de la tarde, con sahumerios de ruda y muña flotando en el aire, los músicos comenzaron a tocar morenadas y caporales. Los bombos vibraban en el pecho de los asistentes. Con cada compás, el cerro parecía despertar. Hombres y mujeres rodearon el lugar donde el Ño Carnavalón había sido enterrado el año anterior. Con palas, risas y cantos, la tierra fue removida hasta que apareció el cuerpo cubierto de tela, sombrero enorme y una máscara de bigotes retorcidos y sonrisa pícara. “¡Ño Carnavalón ha vuelto!”, gritó el cargador elegido, un joven robusto llamado Lucho. Con cuidado, lo levantó sobre sus hombros y lo trasladó hasta la ramada que sería su casa esa semana. En el trayecto, los niños lo seguían corriendo con botellas de agua lanzando chorros a quien se les cruzara. Dalia, armada con un tarro de espuma, rio hasta que las mejillas le dolieron. "Si te moja el Ño, tendrás buena suerte", le dijo su abuela entre carcajadas. El domingo, desde temprano, el pueblo se alborotó. Calles enteras fueron adornadas con banderines, serpentinas y papel picado. El pasacalle avanzó entre cantos y tambores. El Ño Carnavalón, llevado en andas, saludaba desde su trono improvisado. Las casas abrían sus puertas, ofrecían cerveza y bailaban con los comparseros. En cada parada especial se realizaban breves ceremonias donde los músicos improvisaban versos para honrar al personaje. Al anochecer, el Ño regresaba a su casa de descanso. La gente podía visitarlo, dejarle ofrendas y hacerle preguntas. Algunos decían que si uno se atrevía a mirarlo a los ojos mientras se mascaban hojas de coca el Ño podía predecir el porvenir. Dalia, entre nervios y emoción, se acercó y pidió saber si ese año su madre mejoraría de salud. El Ño, a través de un anciano que leía las hojas le dijo que la esperanza era fuerte como la tierra húmeda del valle. Dalia salió con lágrimas de alivio. Mientras tanto, en Codpa, el Ño Carnavalón nunca dormía del todo. Allí permanecía sentado sobre piedras todo el año, observando la vida pasar. Cuando llegaba la fecha del carnaval, un grupo de niños encontraba al Ño en la puerta de la casa de la joven soltera elegida ese año. En esta ocasión, le tocó a Mariana, quien con manos temblorosas lo vistió con colores brillantes, poniendo especial atención en su pañuelo rojo. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA
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