ANTOLOGIA 2025

::125:: HISTORIAS CAMPESINAS CANTOS PARA LA CRUZ Emilia Ortiz Lorca Premio especial Margot Loyola Región de Arica y Parinacota Arica 15 años Cada año, cuando el sol empezaba a calentar los cerros de Arica y los tambores despertaban en el valle de Azapa, la comunidad afrodescendiente del pueblo de Cerro Sombrero se preparaba para una fecha sagrada: la Fiesta de las Cruces de Mayo. En la casa de la familia Carvajal, doña Rosa vestía la cruz con esmero. La envolvía en tela blanca, la adornaba con flores del huerto, velas y cintas moradas. Pero lo más importante era la promesa: cada familia debía cantar, rezar y velar por la cruz durante toda la noche. —La cruz no es solo de madera, nieta —le decía a Romina su nieta de diez años—. Es memoria. Es lo que trajeron nuestros ancestros desde África. Es su fe, su dolor y su fuerza. Romina no entendía del todo, pero le gustaba el ritmo de la celebración. Cuando caía la noche, se encendían los tambores, se cantaban alabanzas y bailes de culto afro que llenaban el aire con esperanza. Esa noche, mientras todos cantaban en la velada, Romina sintió que algo la llamaba desde el campo. Salió en silencio y siguió una sombra que se deslizaba hacia el viejo árbol de algarrobo. Allí vio a una mujer con un pañuelo blanco en la cabeza, de pie junto a una pequeña cruz enterrada en la tierra. No hablaba, pero alzó la mano y apuntó al cielo. —¿Quién eres? —preguntó Romina. La mujer sonrió con dulzura y desapareció como humo entre las hojas. Al volver, encontró a su abuela esperándolo en la puerta. —La viste, ¿verdad? —dijo doña Rosa con una calma sabia—. Esa es Mamá María Camacho, una de nuestras ancestras. Ella fue esclavizada en tiempos antiguos. Prometió que mientras nuestras cruces se levantaran, nosotros nunca perderíamos el camino. Romina abrazó la cruz esa noche como si fuera parte de su cuerpo. Entendió que la música, los rezos y la vela no eran solo tradición: eran resistencia, amor y recuerdo. Desde entonces, cada mayo, Romina canta fuerte. No por costumbre, sino por promesa. Y porque en cada tambor, cada cruz y cada flor, viven las voces que construyeron su historia. PREMIOS NACIONALES

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