::213:: HISTORIAS CAMPESINAS Cuatro Generaciones Maritza Loaiza Medina Primer lugar regional Punta Arenas 31 años Elizabeth nunca pensó en trabajar la tierra. Cuando era niña visitaba a su abuelita en el campo cerca de Chillán y admiraba la dedicación que ella le ponía a su huerta. Tiene grabado en su memoria el olor de la manzanilla y los tomates que cultivaba para los almuerzos. Veía cómo su abuelita, muy temprano, se levantaba para dar de comer a las gallinas, buscar huevitos, quitar las malezas de su siembra, prender el fuego y hacer churrascas en la ceniza. Nunca ha logrado comer mejores huevitos revueltos que los que le hacía su abuelita. Después de lavar la loza del desayuno, su abuelita volvía a la huerta para buscar los ingredientes para cocinar el almuerzo: porotos, choclo, papas, chascudo, chalotas, ajo y tomates. El caldero en el fuego hervía como poción de bruja y nuevamente hacía una tortillita al rescoldo para comer calentita. Las sobras del almuerzo las metía en un balde y las mezclaba con alimento para darle de comer a las gallinas y los chanchos. En las tardes tejía mirando las novelas y cuando el sol bajaba volvía a la huerta para regar. La tierra estaba tan seca por el calor que el primer chorro de agua que recibía levantaba una polvareda, las hojas de las hierbas se doblaban y sobreponían con el agua que las empapaba y el aroma a tierra mojada envolvía la puesta de sol. Su mamá amaba las plantas, porque le recordaban a su madre. En su casita no tenía espacio para una huerta en el patio y al vivir en el extremo sur, la siembra se complicaba, por lo que comenzó a coleccionar plantas en el interior. Una palmera por aquí, una chiflera por allá, cactus en la ventana, cardenales de colores, una mala madre que colgaba desde el techo, el dólar, un helecho, nidos de amor, tréboles de colores, cretonas jaspeadas y una cala que florecía en invierno. Alrededor de la casa plantó rosas, orejas de oso, peonias y ojo de buey. No podía dedicarle tanto tiempo como la abuelita de Elizabeth a su cuidado, pero regaba sus plantitas, antes de salir al trabajo. A veces, por las noches, las cambiaba de lugar para que todas aprovechen la luz del sol del día siguiente, cada quince días les quitaba las hojitas secas y los fines de semana hermoseaba su antejardín. REGIÓN DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA
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