ANTOLOGÍA 2024

::214:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA Elizabeth miraba a su mamá cuidar sus plantas desde lejos. Le gustaban las plantas que tenían flores u hojitas de colores. Pero le gustaba solo contemplarlas, apenas le ayudaba de vez en cuando a su mamá a regarlas y se reía cuando ella les hablaba a sus plantitas o les cantaba. Muchas veces pensó que su madre estaba un poco loca, pero solo lo pensó porque jamás se lo diría en voz alta. —Hay que hablarles, ponerles música, así crecen más bonitas, ellas sienten todo, hay que tratarlas con amor —decía su mamá. Cuando Elizabeth se casó, su esposo compró un terrenito en el campo, arriba de un cerro con vistas a la ciudad y allí construyeron su casa. La mamá de Elizabeth convenció a su yerno de que un hogar sin plantas no tenía vida, por lo que poco a poco les fue regalando plantitas para embellecer su hogar. Ahora Elizabeth debía cuidar sus propias plantitas. La pandemia la dejó sin trabajo y también en ese tiempo creció la familia. Entonces ¿qué puedo hacer para tener un ingreso extra y cuidar a mi hija en casa?, se preguntó Elizabeth. Su esposo y su madre tenían la respuesta: trabajar la tierra. Construyeron un invernadero adosado a su casa. Su mamá y su esposo trabajaban rellenando con tierra los bancales, mientras que Elizabeth estudiaba los tipos de siembra, plazos, abonos, plagas y cuidaba a la bebé. Compraron semillas y las tiraron con fe una tarde a finales de agosto. Elizabeth regaba el invernadero por las tardes y su esposo ansioso miraba día a día si algo verde se asomaba. La siembra fue creciendo y a mediados de noviembre estaba lista para la venta el cilantro y la espinaca. Elizabeth era la cosechadora y vendedora, metía las manos a la tierra y armaba sus paquetes con rapidez. Su esposo y su mamá la apoyaban los fines de semana haciendo el trabajo pesado o el desmalezado. Las primeras ventas fueran familiares y amigos y luego un almacén les comenzó a comprar toda su producción. Después de estas grandes ventas, Elizabeth pensaba en todos los hogares al que llegaban sus hortalizas. Cuántas familias comiendo los vegetales que, con tanto esfuerzo y cariño, cultivaba ella y su familia. Se le llenaba el corazón al pensar que sus productos eran parte de las comidas de más personas, de momentos y recuerdos que se creaban en torno a la comida. Así recuerda ella, con tanto cariño, las comidas y la huerta de su abuelita. Elizabeth nunca pensó en trabajar la tierra, pero ahora la tierra es parte de su vida y de su familia. Su hija disfruta sembrar, de vez en cuando se escapa y corre por los bancales o en un rinconcito hace pasteles para sus muñecas, diferencia las hortalizas y explora sus aromas. Ella quiere que la siembra sea una tradición familiar y ya está ansiosa de trabajar la próxima temporada. De septiembre hasta abril: acelga, lechuga, perejil, cilantro, tomate y brócoli.

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