ANTOLOGÍA 2024

::211:: HISTORIAS CAMPESINAS REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO —Se lo agradezco porque de árboles no sé mucho —mentí. Cruzamos el arroyo haciendo equilibrio sobre un tronco que oficiaba de puente. Un golpeteo sincrónico resonaba con fuerza. Me detuve. —¿Qué suena, don Braulio? —Bien de ciudad es usted, amigo. Ese es un pájaro carpintero. Si nos acercamos en silencio lo podremos ver en plena faena. Mire, es ése de la cabeza roja que agujerea el árbol buscando larvas, vea, allá enfrente está la hembra, ella es castellanita como mis gallinas. De seguro tiene su nido por ahí cerca. Ahora voy a mostrarle una reserva que los pobladores de esta zona cuidamos con la vida. Saliendo del bosque tupido llegamos a un claro en que los árboles estaban más espaciados, parecían adolescentes de piernas largas. —Vea usted estas joyas, son cipreses, una especie protegida. Caen las semillas y como nadie las toca se van reproduciendo. Calculo que debe haber unos cuatrocientos ejemplares. Hicimos una nueva detención para escuchar el canto de los pájaros. Pi-tío pi-tío. Don Braulio contestaba el silbido con alegría. Luego hacía bocina con las manos para imitar al que preguntaba ¿hasvistoamitioaustín? Reía. —¿Verdad que el chincol dice clarito hasvistoamitioaustín? Desembocamos en una zona más húmeda y sombría cubierta de helechos y gigantescas hojas de nalca, me recordaba una película de dinosaurios. —Vea usted, esta es la antesala de la laguna, aliste su cámara que luego le identifico a los pájaros: esos de cuello amarillo, pico largo y curvo, son las bandurrias. Los de patas largas son los queltehues o teros, escuche sus gritos ¡son escandalosos! Esos que parecen gansos, son las avutardas o caiquenes, dicen que su carne es parecida a la de los gansos. Estas son aves migratorias, se van en invierno. Avanzamos un trecho entre los troncos botados cuando escuchamos un quejido lastimero, para mi sorpresa, el chanchito mascota nos había seguido. —Este, me sigue a todas partes. No sé qué voy a hacer cuando crezca—. Sus ojos mostraban una tremenda ternura mientras lo acariciaba. Don Braulio era un hombre de apariencia tosca, que no se condecía con sus acciones. A medida que lo conocía, más me cautivaba. Nos sentamos un rato en silencio. Decidí contar algo de mí para asegurar su confianza.

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