::207:: HISTORIAS CAMPESINAS —Camina con cuidado Juan. No me vayas a dejar caer —solicitó Jimena, angustiada arriba de los hombros de su hermano en la mitad del riachuelo que ya se había formado. Sus manos las aferraba con fiereza a su bulto, sujetando los útiles y cuadernos que llevaba bajo el poncho. —Tranquila hermana, no pasa nada. El agua está muy fría, pero da lo mismo. —Vamos Juan, tómame firme. Me estoy resbalando ¡me caigo al agua! —gritaba Jimena—. Ya está subiendo más el mar y se ve más corriente. ¡Tengo miedo! —¡Tranquila, tranquila! hermana. Ya estamos llegando al otro lado. No te preocupes. Ya. Por fin, pasamos. Bájate, Jimena —ordenó Juan, zafando a la pequeña niña desde sus hombros. —Yo pondré mis calcetines mojados y mis botas enseguida. Una vez que todos estuvieron al otro lado, el último trayecto lo completaron en breves minutos para llegar a la escuela. Los ponchos, las gorras de lana y algunas prendas que llevaban como segunda capa, las colgaron en la gran percha instalada a lo largo del pasillo. Con el cuerpo mojado, con hambre y sin calefacción esperaron a que la vieja campanilla de la maestra llamara a clases, en un día como tantos otros en la escuela rural de Voigue. REGIÓN LOS LAGOS
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