::205:: HISTORIAS CAMPESINAS Día de escuela en las islas Luis Soussi Contreras Tercer lugar regional Ancud 58 años –Pónganse doble pantalón cada uno. Y tú, Jimena, acomódate este gorro más grueso —ordenó la madre Luisa a los tres hermanos que iniciaban su caminata diaria hacia la escuela de Voigue, desde su casa en Isla Taucolón. —Llueve mucho, mamá —dijo Juan, uno de los hermanos, asomándose a la ventana. —Vayámonos pronto; ya dieron la hora en la radio. Son las siete y media —advirtió Chito, siempre preocupado de no llegar tarde a clases. —¡Se cuidan hijos! —fueron las últimas palabras de la mamá Luisa, quien los despidió desde la puerta de la casa. La lluvia y el viento arreciaban en las islas de Chiloé. La mañana era oscura, hostil, despiadada. A los diez minutos de camino, el agua impregnaba las ropas de los menudos hermanos que, al caminar inclinaban sus cabezas para esquivar el impacto del agua en sus rostros. A poco andar se sumaron otros compañeros de camino: Pepe, Teresa, Nano, los Corbett, los Vargas y los Bahamonde. Al encontrarse unos con otros lanzaban un escueto saludo, cuyo volumen se perdía entre los gorros pasamontañas y la fuerte lluvia. —Me corre toda el agua por mi espinazo, chicos —vociferó Nano a la cuadrilla cuando alcanzaron la Punta de los Vargas. El trayecto por la playa se cubre en una hora y media aproximadamente desde la isla Taucolón hasta la isla de Voigue. Ambas islas en marea baja están unidas por un banco de arena. Al pasar por este brazo que las une, se llega a una explanada donde se emplaza la escuela en la que se cursa desde primero a sexto básico. Todos los días los niños deben esquivar peñascos, piedras, tajamares y caminos que bordean peligrosos barrancos para asistir a estudiar. Una preocupación latente para los caminantes es llegar a tiempo al punto geográfico donde se unen las dos islas, ya que cuando la marea sube, ambas ínsulas se separan. Entonces, el mar cubre lentamente la superficie y los peatones deben quitarse los zapatos, arremangarse los pantalones e ingresar al curso del agua. Los estudiantes más grandes deben subir “a cheque” a los más pequeños. Cuando el mar cubre el banco, ya alcanzando cierta altura se torna muy riesgoso, dada la corriente que se genera en ese punto. Por eso los escolares le temen a este cruce, pues cualquier movimiento en falso puede significar la caída al mar del compañero que se lleva al hombro. REGIÓN LOS LAGOS
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