DE PASTORAS, PASTORES Y MEMORIA | LA GANADERÍA CAMÉLIDA EN LA REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA

7 PRÓLOGO Coincidimos una mañana en Putre, en el único lugar abierto para poder tomar un té caliente. Era el restaurante de Rosamel. En aquella mesa, sintiendo el frío amainar, nos encontramos con Küyen y Rolando compartiendo un desayuno. Parte de aquella conversación tuvo que ver con el afortunado acercamiento que tenemos de compartir con los habitantes de precordillera y altiplano, sobre las voces que emergen desde las pequeñas localidades de la región y lo significativo de saber escucharlas. Esa conversación versó también sobre la profunda amenaza que cae sobre el habitar humano en estos territorios, los censos respectivos nos dirán que las personas habitan menos el territorio, la población está envejecida, y el censo agropecuario dirá que alpacas y llamas continúan también en descenso. A pesar de las dinámicas políticas, económicas, sociales y culturales que han favorecido el despoblamiento a niveles dramáticos, y a que a veces parecen irreversibles, no está todo perdido, coincidimos. Tiempo después, tengo ante mí: “De pastoras, pastores y memorias: La ganadería camélida en la región de Arica y Parinacota”, un texto en el que me sumerjo como si estuviera en esos encuentros que se sostuvieron con ganaderos y ganaderas de la región, leo palabras que hacen sentirme allí, imaginar claramente a las personas mientras hablan. Pienso que sentirse en los lugares que se leen, da cuenta de esa perspectiva situada que denota ese andar colaborativo que acompaña el trabajo de construcción de este libro. Estamos en presencia de un necesario ejercicio de activación de la memoria colectiva de ganaderos y ganaderas, quienes ven con preocupación lo amenazada que se encuentra esta práctica que es parte de un todo, no dividido, y quienes también valoran la reactivación de la memoria y el registro del proceso como un ejercicio de trascendencia. Abuelas, abuelos, madres, padres, tíos y tías, son evocados en los relatos, se les reconoce como portadores de una sabiduría, son “…las raíces del árbol; las que, finalmente, permiten que el árbol se sostenga en pie”, mencionan los autores. Un saber ganadero que no se piensa como compartimento estanco, sino que se concibe como un todo inseparable, donde no está la naturaleza de un lado, y la cultura del otro, “hay un todo permanente en constante interacción cuyo equilibrio debe cuidarse día a día”, nos dicen los autores. Los lectores tienen a continuación un relato construido desde la investigación participativa “a partir de subjetividades dialogantes, en el encuentro del recuerdo, de almas, de familias”, recuerdo y encuentro que invita -por ejemplo- a quienes viven en la ciudad, a seguir convergiendo en el ejercicio de memoria comunitaria que nos funda territorialmente. Que sea en buena hora. Christian Orellana Obreque Director Regional Arica y Parinacota Fundación para la Superación de la Pobreza – SERVICIO PAÍS

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