EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

67 Y se pusieron a cantar en improvisado duelo, cada uno respondiéndole con talento a su contendor, sin sacarse ventajas, durante dos días con sus noches. Llegó un momento en que el Tarifeño se intuía derrotado y ya sospechaba que un rival así de imbatible solo podía ser el mismísimo diablo. Así que cuando le correspondió el turno, pulsó en el mástil el acorde de la cruz y el último verso se lo dedicó a la Virgen María, haciendo estallar de ira a su rival, quien dejó el sitio hediondo a azufre. —Oye, Tarifeño —le dijo el diablo—, el trato no era así. —Cada uno toca lo que sabe —le respondió el Tarifeño. La otra versión de esta leyenda establece que el Tarifeño se ubicó intencionadamente de una forma particular para que su contendor se viera reflejado en el espejo de su guitarrón. El diablo estalló al ver reflejada su fealdad, terminando de esta manera el duelo. Los cultores del guitarrón chileno suelen utilizar el instrumento en payas o en el conocido canto a lo poeta, donde existen las vertientes del canto a lo humano y el canto a lo divino, interpretado en ceremonias religiosas, aunque al diablo le incomode. MÁS VALE DIABLO CONOCIDO

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