EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

50 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE De acuerdo con el relato de César Esquivel, en más de una ocasión vez se acercaron hasta alguna localidad del valle del Elqui forasteros portandomapas y dispuestos a contratar personas que los ayudaran a desenterrar estos tesoros ocultos y mulas para transportarlos. En una de esas ocasiones, llegó un afuerino en busca de un jornalero o albañil que lo ayudara en el desarrollo de un particular proyecto. Cuando encontró a uno bien dispuesto, le explicó las características de su propósito: buscar un tesoro español, oculto en algún lugar del valle. Para ello, iba premunido de un añoso y gastado mapa que, en su familia, había pasado de padre a hijo a lo largo de varias generaciones. Al revisar el plano, el lugareño aseguró conocer la zona como la palma de su mano, por lo que no sería problema llegar a la X que demarcaba el punto exacto donde estaría enterrado el tesoro. Le recomendó también que era mejor salir de noche, porque de día claro todos los habitantes se darían cuenta de la naturaleza de la empresa y tendría que compartir el tesoro con todo un pueblo. Eso sí, había que ir con cuidado, porque era sabido que el propio diablo protegía los entierros. Así, mientras todo el poblado dormía, el grupo formado por el forastero, dos jornaleros y dos mulas inició la ruta que los llevaría hasta el lugar exacto donde se encontraría enterrado el tesoro de los conquistadores. Luego de unas horas de ascenso, llegaron hasta una gran peña y uno de los lugareños exclamó: “¡Aquí es, aquí es!”. Con entusiasmo, todos empezaron a cavar, hasta que sintieron un ruido y detrás de la roca apareció el mismo diablo, con su nauseabundo olor a azufre, que asustó al forastero, quien emprendió espantado el camino de regreso en la oscuridad de la noche. ¿Por qué solo se asustó al forastero? Pues, los lugareños se habían concertado con un tercer compañero disfrazado de demonio para espantar al aventurero. Con esa artimaña, se quedaron con el mapa y, tiempo después, ascendieron para desenterrar el tesoro, esta vez por la ruta correcta que indicaba el plano y se hicieron inmensamente ricos. Pero ya es sabido lo que ocurre con el dinero mal habido. Es cierto que en esta historia no aparece el Cola de Flecha, pero sin duda los tres compañeros que ahuyentaron al forastero resultaron ser más diablos que el propio diablo.

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