EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

41 MÁS VALE DIABLO CONOCIDO 4. En los dominios del Pije Si fuésemos capaces de definir de alguna manera al valle del Elqui, quizás podríamos hacer un paralelo con el Macondo que Gabriel García Márquez describe en “Cien años de soledad”, porque hay algo de realismo mágico en todo el territorio. Un ejemplo de ello es Vicuña, una de las localidades enclavadas en el valle, que fue la cuna de Lucila Godoy Alcayaga, poeta que el mundo conocería bajo el nombre de Gabriela Mistral, quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 1945. Los prístinos cielos que cubren este valle lo han convertido en uno de los destinos preferidos en el mundo para ver las estrellas y desentrañar los secretos del universo, lo que quedó confirmado con la verdadera invasión de turistas que se dejó caer para el eclipse que se avistó en la región, en julio de 2019. Y si del universo se trata, abundan los relatos de avistamientos de ovnis y más de algún habitante asegura haber sido contactado por seres de otro planeta en esas latitudes. En el valle del Elqui, el reloj pareciera transitar a menor velocidad, como si no tuviera ningún apuro. Así las cosas, es muy habitual ver a longevos habitantes en excelentes condiciones de salud física y mental. En ese terruño, la amabilidad es verbo y todo el mundo saluda al forastero. Allí la tierra es generosa y amable, y una prueba de ello son las parras que abundan en el valle, de un vivo color verde claro, de las cuales los lugareños cosecharán las vides que el tiempo y algunos procesos químicos transformarán en pisco. Estas tierras incluso tuvieron su Mesías: el campesino Domingo Zárate Vega, quien vivió entre 1898 y 1971, durante gran parte de su existencia afirmó ser el Hijo de Dios, afincándose en estas tierras donde, acompañado de doce apóstoles, bautizaba a sus seguidores en las aguas del río Elqui, siendo reconocido como el Cristo de Elqui. Y si el valle del Elqui tenía su cristo, también debe tener su propio diablo. Dentro de las historias relatadas por los lugareños, nos contaron acerca del Pije, un huaso elegante, de buen porte, siempre vestido de negro y con diente de oro, que era frecuente verlo montar un brioso corcel negro, infundiendo temor a cualquiera que se lo encontrara. Llama la atención el parecido que existe entre el Pije y la descripción del diablo en algunas localidades rurales de la zona central de nuestro país. Lo más probable es que Pije corresponda a un eufemismo para evitar mencionar el nombre del Malulo, como ya ha ocurrido en otras

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